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Viernes , 19.04.2019 / 03:43 Hoy

Intelecto opuesto

Apuntes del 2016 (IV)

Eduardo González

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Una nación destinada a la conformidad no tiene espacios para la inconformidad. Para eso una muestra de los últimos 30 años de protestas sociales y desacatos que no han pasado de eso, y al final, o terminan siendo parte del gran círculo rojo o bien, se difuminan y extinguen como el humo de un incendio que primero quema pero después se desvanece.

Una vez más nos enfrentamos nuestro peor dilema del ¿te vas a quedar así?, ¿tienes el valor o te vale?, ¿cuándo vas a despertar mexicano?, y todas aquellas frases motivacionales del Facebook y Twitter que se han vuelto famosas en la última década, que no son más que el refrito de lo que hace un siglo provocó la última gran revuelta nacional –por así llamarla- cuando se presentó la llamada Revolución Mexicana.

A más de 100 años de dicha lucha territorial y de la conformación de nuestra Constitución, no hay mucho que reproducir de lo que en antaño hicieron nuestros antecesores. Hoy, casi nadie quiere tomar ningún estandarte ni salir a exigir lo que apariencia le pertenece. ¿Qué es realmente lo nuestro?, ¿cuál es el verdadero patrimonio del mexicano?, no podemos pedir nada de lo que no nos sentimos merecedores ni acreedores.

Cerramos el año con la inconformidad social por el precio de las gasolinas, por el anuncio del gobierno federal, por la explicación del subsidio, por el discurso político de que pase lo que pase todo es por nuestro bien y para un mejor futuro; vaya, hoy todo no es lastimoso y gravoso, y nada nos complace ni al parecer, queremos que lo haga.

Una generación política difusa, con resultados que no han sido los esperados y a todas luces se sabe que han fallado en cosas tan sensibles y vitales como la calidad de vida de los mexicanos y de sus familias. Una brecha de desigualdad que se hace más grande, con una mayor cantidad de obstáculos y un futuro en el que no se sabe qué rumbo será el que tomen los grandes artífices de la política y estrategias que deberían en teoría marcarnos la pauta para poder echar manos a la obra y subsistir.

¿México debería merecer un mejor 2017?, o ¿quizá somos los mexicanos los que merecemos mejores tomadores de decisiones, o tal vez sean ellos los que requieran de un mejor pueblo?, la misma pregunta se hizo una persona sobreviviente de aquella Revolución de 1910, que en su ancianidad pudo dilucidarme los hechos que le tocaron vivir.

Este 2016 pasará como el año de la gran depresión mexicana, la moral y la anímica; porque si ni un alza en combustibles, si ni un despojo territorial o si ni un cobro desmedido en impuestos para la clase trabajadora nos mueve; si ni un futuro con pocas probabilidades de éxito para nuestros hermanos e hijos nos provoca el mínimo síntoma de sangre hirviendo, entonces no merecemos la más exigua consideración a nuestra pequeña existencia en este mundo del nuevo orden.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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