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ADN mexiquense

Cuántos más Josue y Valeria

Eduardo Garduño Campa

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Le sucedió a Carlos Josué. Lo sufrieron sus familiares. La sociedad se indignó y la comunidad a la que pertenecía hizo una tibia protesta por lo acontecido ante el temor de una llamada de atención política a pesar de la tragedia. El secuestro y la ejecución del joven, que de acuerdo con sus padres y amigos, tenía un proyecto que fue truncado por unas bestias que ha hecho de la actividad delictiva su modo de vida.

A Valeria. Una menor de apenas 11 años con muchas ilusiones y viviendo una etapa hermosa como lo es el paso de la infancia a la adolescencia, fue atacada, ultrajada y asesinada por una o no se sabe cuántas bestias que luego de haber hecho su fechoría no les importó cegar la vida de una inocente y con ello desgraciaron por siempre la vida de los padres y familiares de la pequeña.

Lo indignante es que ante los hechos y evidencias de que la inseguridad y la actividad delincuencial no ha disminuido sino que se mantiene y seguramente se ha incrementado, las autoridades responsables de garantizar la tranquilidad social aseguren que estos hechos son casos aislados y que no es lo que realmente pasa en la entidad.

Es una vergüenza escuchar tales pronunciamientos ante la falta de capacidad para contrarrestar los embates de la delincuencia hacia la gente inocente que todos los días se parte el alma por darle una vida digna a su familia.

Qué triste es salir de casa y pensar en que puede ser el último día que esté la familia reunida ante la incertidumbre con la que se vive pues en cualquier lugar, momento y hora se puede ser víctima de los secuestradores, asaltantes, narcotraficantes, chantajistas y sobornadores. Y las autoridades hacen mutis.

Asegurar que los acontecimientos como el de Carlos Josué y Valeria, son casos aislados no es más que una prueba de rehuir a la responsabilidad y a la ausencia de un ejercicio de autocrítica, que acepten que han sido rebasados por la delincuencia producto de la misma complicidad que hay entre maleantes y miembros de los cuerpos de seguridad y no precisamente los policías de a pie sino los mandos medios e incluso altos.

Obvio lo anterior lo negarán como es costumbre, pero lo que no pueden ocultar esos mandos medios y altos son los patrimonios tan ostentosos con los que cuentan como casas en zonas residenciales y buenos autos y se den lujos que no pueden porque tener esos patrimonios y darse esa vida de abundancia no es posible con los ingresos que perciben. Es mucha la disparidad.

¿Cuántos casos más como los de Josué y Valeria? En realidad todos los días suceden muchos lamentablemente no se conocen por el temor de las familias de las víctimas a las amenazas que reciben de los delincuentes, pero no son para nada aislados.

Las autoridades han sido rebasadas y son cómplices de lo que está pasando en nuestro entorno. No dejan sus poses de que están trabajando para dar con los responsables mientras ellos hablan, la gente vive en constante incertidumbre de que en algún momento algo puede pasarle. Ya basta. Den resultados y no palabrerías, es la exigencia.

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