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Viernes , 15.02.2019 / 19:29 Hoy

Correos del lector

Simulación

Editoriales

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Desde el rectorado de Raúl Padilla López (RPL) en 1989 hasta al día de hoy, la UdeG ha tenido una forma de gobierno antidemocrática, de naturaleza caciquil; una forma de poder político concentrado unipersonalmente. La complicidad de los anteriores gobiernos federales, de los gobiernos estatales y los municipales, han permitido mantener firme a este grupo funesto.

El CGU es el máximo órgano de gobierno de la UdeG. Los consejeros académicos, administrativos y estudiantiles son elegidos anualmente supuestamente de forma democrática. Dichas elecciones constituyen una verdadera farsa. La simulación de los procesos electorales dentro de nuestra institución se torna tan grave como la corrupción y la impunidad. Nunca se alcanza ninguna legitimidad de los consejeros y, por ende, del rector elegido. El elector de la nueva rectoría es una sola persona. Un voto vale por 186 consejeros. A la manera absolutista y despótica, el cacique bien puede decir: “La universidad soy yo”.

Bajo el control corporativo del exrector la UdeG ha caído en una tendencia de crisis generalizada, principalmente académica. El deterioro de las tareas sustantivas –docencia, investigación y extensión– obedece al predominio de criterios político–burocráticos y empresariales por encima de los académicos. En tal sentido prevalece la designación del nuevo rector a modo del grupo de poder que ha tomado a la universidad como un botín económico.

Los grandes y graves problemas de la UdeG no se van resolver con una rectoría general cuya función es más bien la de una administración gerencial, supeditada a los designios aviesos del grupo de poder. El rechazo de miles de jóvenes estudiantes cada semestre, los salarios miserables de la mayoría del personal académico, la poca o nula trasparencia del uso de los recursos financieros, su desviación a obras faraónicas y espectáculos de alfombra roja, la falta de recursos a la investigación, el hostigamiento a mujeres estudiantes, profesoras y empleadas administrativas, el deterioro académico, entre otras cuestiones, no se resuelven con una nueva rectoría subordinada al grupo de poder.

Para una verdadera refundación universitaria se requiere de una profunda y sólida estructura democrática que rompa los candados políticos que impiden una efectiva participación de su comunidad. Se requiere desterrar, principalmente, todo el aparato de control corporativo–caciquil y sea la propia comunidad universitaria la que decida el destino de nuestra institución educativa.

Un rector debe representar legítima y dignamente a la comunidad universitaria. Es necesario un Congreso General Democrático, para una Reforma Universitaria para establecer prioritariamente lo académico y realizar las tareas sustantivas de una verdadera universidad pública.
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Colectivo de Reflexión Universitaria

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