¿Cómo cambia nuestra manera de entender el fútbol cuando pasamos de vivirlo dentro de la cancha a cuidar a quienes lo juegan?
Haber sido jugadora de alto rendimiento y seleccionada nacional, y ejercer hoy la medicina deportiva, me ha permitido comprender el deporte desde dos perspectivas que, aunque diferentes, se complementan.
Como jugadora, quería entrenar, competir y estar disponible para mi equipo. Una lesión no significaba únicamente un problema físico, sino también frustración, incertidumbre y el deseo de volver cuanto antes. Aunque comprendía la importancia de la prevención, hoy reconozco cuánto me habría gustado contar con más herramientas y recursos para preparar y cuidar mejor mi cuerpo.
La medicina deportiva me ha enseñado a mirar más allá del resultado. El rendimiento no depende solamente del entrenamiento: la nutrición, la salud mental, la preparación física, la prevención y la rehabilitación forman parte de un mismo proceso. Cuidar al deportista implica comprender que su salud es tan importante como sus objetivos competitivos.
En mi práctica, acompañando principalmente a futbolistas de alto rendimiento y a deportistas de distintas disciplinas, hay momentos en los que pienso: “Sé lo que puedes estar sintiendo. Yo también estuve ahí”.
No porque todas las experiencias sean iguales, sino porque conozco la frustración de no poder hacer lo que amás y las ganas de regresar. Haber sido deportista no sustituye la formación médica, pero me permite comprender muchas de esas emociones y acompañar cada proceso con una sensibilidad especial.
También he aprendido que volver a competir no debería ser una carrera contra el tiempo. Recuperarse implica respetar los procesos, evaluar la evolución y preparar al deportista para responder a las exigencias de su disciplina.
Hoy entiendo que cuidar al deportista es mucho más que tratar una lesión: es comprender a la persona que hay detrás del atleta. Porque el objetivo no debería ser únicamente volver a jugar, sino hacerlo en las mejores condiciones posibles, protegiendo su salud y su futuro deportivo.
Quizás esa sea la mayor enseñanza de haber transitado ambos caminos: el deporte se vive desde el cuerpo, pero para comprenderlo verdaderamente también hay que aprender a mirar más allá de él.