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Miércoles , 20.02.2019 / 18:31 Hoy

Sin rodeos

Sin educación y punición no hay solución

Diego Fernández de Cevallos

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Solo por ceguera o mezquindad se podría negar la valentía presidencial al enfrentar al huachicol. Valor con gran similitud al del entonces presidente Calderón en el combate al narcotráfico.

Cuestión diferente es analizar y opinar sobre los aciertos y errores en las estrategias seguidas en ambos casos.

Lo que no puede ignorarse es que esos delitos perseguidos, siendo diferentes, son las dos caras de una misma moneda, o dos ramas del mismo árbol: el crimen organizado. Enemigo que ha penetrado en todas las capas y estructuras sociales y políticas.

Para el narcotráfico, hace años, México era lugar de paso; después fue también de consumo; posteriormente amplió sus actividades hasta llegar al huachicoleo, asociado con autoridades, personal de Pemex y comunidades enteras que enfrentan con brutalidad a las fuerzas del orden.

Creciente río de sangre y dinero, grave y complejo desafío, en el que ocupa un lugar relevante el tráfico de armas.

La tragedia de la semana pasada en un ducto de Pemex, convertido explosivamente en dantesco crematorio que diezmó a una pobre comunidad de Hidalgo, no debe quedar impune.

Los alaridos de niños, mujeres y hombres, convertidos en teas encendidas que huían despavoridos revolcándose en el cerro y dejando atrás las cenizas de familiares y vecinos, no deben repetirse.

Ese infierno, sumado al que diariamente conocemos de tumbas clandestinas, desaparecidos, torturados, acribillados y pedazos humanos esparcidos en calles y caminos, me lleva a preguntar:

1. ¿Por qué EU, el país del mundo con mayor consumo y negocio de drogas y estupefacientes, así como de venta y tráfico de armas, está lejos de vivir esta barbarie?

2. ¿Hay duda de que la impunidad en México (que ronda en 97 por ciento de los delitos denunciados) es la que provoca y nutre la ilegalidad, la corrupción y el crimen?

3. ¿Seguirá la sandez de que la 4T (“me canso ganso”) ya acabó con la corrupción y la impunidad? ¿O lograremos instituciones eficaces?

4. ¿Es insensato decir que el tren que nos lleve por mejor camino (no el trenecito Maya que autorizó la Madre Tierra) debe ir por dos rieles de acero: uno, que eduque a los ciudadanos a vivir voluntariamente dentro de la ley, y el otro, con instituciones de procuración e impartición de justicia limpias y fuertes, que cumplan y hagan cumplir la ley?

Infinidad de tareas, públicas y privadas, debemos acometer para generar paz y progreso, pero con una sociedad rebelde ante la ley y con instituciones débiles, ineptas o corruptas (o todo junto) seguirá la desolación y la muerte.

Reconozcamos lo que hemos hecho bien y detestemos lo nefando, pero si permitimos que el ser y el modo de ser de la Nación los decida una persona, lo peor está por venir. La Historia nos enseña el saldo de oprobio que dejan los caudillos.

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