Durante las últimas semanas, México vivió un respiro de todos los problemas que lo aquejan; sin embargo, una vez que terminó la fiebre mundialista es momento de regresar a la realidad, sin que ello implique olvidar las lecciones aprendidas.
La celebración de la Copa Mundial de Fútbol en nuestro país logró generar una imagen positiva ante los ojos del mundo debido a la gran hospitalidad y cariño que demostraron los mexicanos.
Son precisamente estas dos cualidades, las que no deben olvidarse, sino por el contrario tienen que usarse todos los días y no necesariamente con extranjeros, ya que el dicho de “El mayor enemigo de un mexicano es otro mexicano” se aplica frecuentemente.
Otro hecho que se debe de resaltar y quizá sea el más importante, es la unión que hubo entre la sociedad. A un lado se hicieron las ideologías políticas, las clases sociales, los acentos y colores de piel, ni siquiera fue relevante si eras aficionado al fútbol de toda la vida o apenas te empezabas a familiarizar con el deporte, lo único que importó fue el sentimiento de ser mexicano y apoyar al mismo equipo.
El apoyo mostrado es lo que más se tiene que rescatar, ya que si por un torneo de fútbol pudimos hacerlo, es más que evidente que podemos repetirlo para generar una mejor sociedad.
Siempre habrá problemas, en algunas ocasiones las soluciones estarán fuera de nuestro alcance, pero todo será más sencillo de afrontar si como ciudadanía respondemos de buena manera y como una sola.
Depender de las autoridades no es la solución, hay ocasiones en las que en lugar de ayudar, terminan empeorando la situación y ahí es cuando la mano del mexicano entra para sacar todo adelante.
Por ahora vivimos una resaca mundialista, las cosas poco a poco van retomando la normalidad; sin lugar a dudas, necesitábamos un respiro de todos los problemas que se presentan cada día y que ahí siguen, sólo que ahora el panorama es más fresco.