Si bien es un evento nacional no quería dejar pasarlo por alto lector mío, y es que este jueves 11 México volvió a abrirle la puerta al mundo con la inauguración de la Copa del Mundo 2026 en el Estadio Azteca (ese nombre se le quedará por siempre); hubo música, luces, banderas, hasta Maná salió cantando, mostrando esa capacidad que tenemos de convertirlo todo en fiesta. Pero afuera del estadio, la imagen fue menos colorida, marchas, bloqueos, inconformidad y una capital que, mientras presumía hospitalidad global, también enseño sus costuras internas. Y es que la paradoja fue brutal, en televisión estuvo el México de la fiesta, mientras que en las calles el país del reclamo, ya que el magisterio, los colectivos de familias de desaparecidos, transportistas, trabajadores y otros grupos aprovecharon la atención mundial para hacer lo que muchas veces el poder les niega: ser vistos.
Para los que por allá estuvieron, el impacto fue evidente, la movilidad se tensó, los operativos de seguridad cercaron la zonas cerca al estadio, que para llegar a él se llenó de filtros y restricciones, una ciudad que se tuvo que dividir entre el festejo, el caos vial y la protesta.
Nuestro gobierno hizo su trabajo, el operativo funcionó, la inauguración salió adelante y México cumplió ante la FIFA, pero esta lectura debe complementarse con el hecho de que fue necesario blindar esta fiesta, la gobernabilidad que está llevando Doña Claudia que por cierto festejo harto el partido de nuestra selección, más allá de colocar vallas, policías y rutas alternas de circulación, debe por obligación también atender estos conflictos que están generando plantones y marchas.
No me mal interprete, sé que se está haciendo el trabajo, que hay un equipo negociando ante todos estos colectivos que parecen ya de choque, pero que traen sus demandas muy legítimas llenas de rabia acumulada porque sienten que solo son escuchadas cuando estorban y paralizan la vida social.
En fin, que un Mundial de futbol no tapa los baches sociales que tenemos, apenas y los cubre un poco con mantas coloridas y llenas de logotipos, pero cuando esto acabe y se levanten, aparecerán los mismos pendientes que hoy siguen presentes.
Así que mientras esto sucede, hagamos lo que como mexicanos sabes hacer: festejemos, gritemos gol.