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Domingo , 21.04.2019 / 08:12 Hoy

Francotirador

Jalisco: cambio de rumbo III

Celso Mariño

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Hace una semana comencé una lista de los puntos que podrían haber influido, a nivel local, en la altísima votación obtenida por Andrés Manuel López Obrador en Jalisco: 1.4 millones de apoyos, casi lo mismo que alcanzó el panista Felipe Calderón en 2006, y más de 300 mil de los que alcanzó Enrique Peña Nieto hace seis años en la entidad.

Decíamos que, primero, ahora sí hubo atención especial de Morena para Jalisco; segundo: Andrés Manuel López Obrador escogió, él solito, a su candidato a la gubernatura, y tres: el fuerte respaldo económico que le imprimió el abanderado al gobierno estatal, Carlos Lomelí, pero continuemos con este listado.

Cuarto. AMLO no golpeó intereses locales. Al contrario. Esta vez el candidato presidencial no atacó a ningún sector o personaje local (adelante explicaré el caso Alfaro) y los enviados de AMLO tendieron puentes de comunicación con actores y grupos locales importantes, desde empresariales hasta sociales y religiosos. La Iniciativa Privada local dejó de ver a López Obrador como un peligro al ver que se reunía por igual con líderes de cámara que con perfiles como Enrique Michel y el director de Lechera Guadalajara y ex funcionario panista, Abraham González Uyeda.

Cinco. La implícita aceptación de un importante sector del clero jalisciense a AMLO. La mayor prueba de esto fue la publicación en el Semanario Arquidiocesano, en primera plana y en tiempos de la campaña, de una encuesta preelectoral que le daba amplia ventaja al tabasqueño. La publicación no decía en ninguna parte “voten por él”, pero muchos la entendieron como: “no hay problema con él, adelante”.

Seis. Una intensa presencia de AMLO por Jalisco que no había hecho antes. Un ejemplo: Le dedicó casi una semana completa en mayo a recorrer el Área Metropolitana y otros municipios durante la campaña, además, visitó muchos más en visitas relámpago o de uno o dos días.

Siete. El fichaje por parte de Morena de personajes locales con trayectoria política, manejo de grupos o arraigo local. Así, reagruparon a perfiles como Alberto Uribe, que era de MC; a Claudia Delgadillo, ex priista y ex coordinadora estatal de Meade, por ejemplo, restándole operación focalizada a MC y al PRI.

Ocho. Jamás atacó –si acaso, solo de refilón- al gobernador Aristóteles Sandoval, quien aún mantiene buenos niveles de aceptación. Tampoco golpeó a los priistas locales que en lo federal nunca encajaron con el proyecto de Meade.

Nueve. Ante los resultados de las encuestas preelectorales locales sobre la elección presidencial, la estructura de MC nunca apoyó a Ricardo Anaya; Alfaro sí acompañó al panista en algunos eventos pero sólo en la zona alteña, nunca en Guadalajara o fuera de ella, mientras que sus estrategas alentaron el voto diferenciado: en la presidencial por Morena, pero en lo estatal MC.

Diez. AMLO no se ensañó en sus críticas contra su ex aliado local, Enrique Alfaro. Sus críticas al emecista fueron superficiales y esporádicas y la respuesta de éste fueron conciliadoras. Es decir, AMLO no atacó la base electoral de Alfaro que no congeniaba con apoyar al frentista Ricardo Anaya. En lo público AMLO y Alfaro fueron rivales a secas, pero jamás enemigos. En lo privado, está por revelarse.

celso03@icloud.com


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