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Domingo , 24.03.2019 / 13:45 Hoy

Francotirador

"Feliz Día del Niño propio -¡no del ajeno!-"

Celso Mariño

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Dicen que los niños son como las flatulencias, porque uno aguanta solo los propios.

Si esto tuviera algo de cierto –que no lo creo, ¿verdad?- poco nos interesaría ver fotos del hijo del vecino o de la hija del compañero en nuestras redes sociales, sin embargo, nos encanta estar criticando ¡perdón! admirando a la descendencia ajena.

Algunos cibernautas se atreven a pedir, a suplicar, que por favor no le demos “like” o “me encanta” a fotografías de los horrorosos hijos de otros porque los papás se la van a creer y terminarán subiendo más fotos o, lo que sería peor, ¡teniendo más hijos –arggg-!

Otro dicho muy mexicanote y muy usado sobre los hijos es el siguiente: cuando un amigo o familiar anda pensando en casarse todos le recomiendan que busque “mejorar la raza”. Como si se tratara de tener camadas de hijos para luego irlos a vender al mejor precio al tianguis o a cualquier crucero como perritos “de pedigrí”.

“Mírelo, tiene ojos verde alteño, cabellos rubios como de elote tierno y está vacunado, totalmente desparasitado, llévelo!”.

Por eso es muy común que en el Facebook se den competencias veladas entre contactos para presumir quién tiene al hijo o a la hija más bonita, más linda, simpática o que hace la mayor gracia del mundo, y suben y suben una cantidad de fotos destacando atributos que exaltan más el racismo de los papás que la tolerancia. En algunos casos se podría pensar que el papá o la mamá busca presumir la “variedad mejorada” que logró, como si fuera lo único valioso que ha podido hacer en su vida: aparearse con un ejemplar “mejorado genéticamente”.

Todo lo anterior son micro frases racistas o actitudes discriminatorias que nadie reconoce que lo son, pero lo son, y que nos dibujan de una pieza como sociedad sobre cómo pensamos respecto a los niños: una cosa son los míos, y otra los de los demás. Una cosa son los bebés “bonitos” y otra los bebés “curiositos”.

Si usted dice que trata por igual a todos los niños lo reto: ¿a qué niño le regalaría un beso, al güerito bien vestido que acaba de leer un verso o resolver una suma elemental en una escuela o al niño prietito con un extendido mosaico de mocos secos y frescos en sus mejillas y ropas sucias que le pide una moneda en cualquier banqueta de la ciudad?

Todo esto viene a cuento -por supuesto-, por la consabida celebración del Día del Niño que es cada 30 de abril, es decir mañana.

Qué bueno y qué maravilla que usted le dedique un paseo o un regalo especial a sus niños mañana o en este fin de semana, a sus sobrinos, nietos o hijos de amigos, pero repase cómo los ha tratado el resto del año y cómo los están formando, si les han inculcado valores como el respeto hacia otros niños que no son tan afortunados como ellos, o si usted está buscando llevar algún beneficio o satisfacción a niños ajenos que nada tendrían que ver con usted.

Todo esto servirá para evitar que ellos piensen después en “mejorar la raza”, aguantar “solo a los propios” o exhiban a sus crías como trofeo de una absurda competencia social en la que uno no aporta ningún valor agregado mas que la genética. En esto sí, póngase guap@.

PD. Valga esta postdata para felicitar a Lily y Jair, quienes este domingo podrán festejar, por primera vez, el Día del Niño propio. Lo mismo para Mirna, que ya anda en las mismas.

celso03@icloud.com

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