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El albur

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  • Celeste Ramírez

Además de ejercitar las neuronas, cuando albureamos también aprendemos mucho sobre las palabras en general, explicaba Lourdes Ruiz (1971-2019), conocida como la reina del albur del mero barrio de Tepito, en Ciudad de México.

El albur —decía Lourdes— es pura diversión. “Sí: pura diversión”. Lo cual queda constatado en el libro Cada que te veo palpito, guía básica (y unisex) para alburear (Grijalbo, 2019), escrito por Ruiz, conocida también como la Verdolaga Enmascarada, y por Miriam Mejía.

El albur o llámese también el juego de palabras con doble sentido, tiene su máxima tradición en la picardía mexicana e implica la construcción de “una frase provocadora disfrazada de expresión inocente”.

Contrario a lo que puede pensarse —apunta la autora—una de las condiciones del albur es la finura; las groserías, leperadas y palabrotas, deben evitarse siempre al alburear. “Para ello, hay diversos recursos como el eufemismo (...) que consiste en dar a entender una palabra inaceptable o censurable mediante el uso de otra socialmente aceptada”.

Para hablar sobre la picardía mexicana (y el albur) las opiniones son variadas. Por ejemplo, Salvador Novo, el poeta y dramaturgo mexicano, la concibe como una manera de expresión popular (libre de clases sociales) que “tiende a romper la solemnidad de una conversación y conducirla a la alegría de la vida”. Y el poeta Octavio Paz señaló: el albur es una suerte de batalla (con las palabras) en el que vencedor “termina ‘chingando’ a su víctima”.

En la guía básica (y unisex) para alburear encontramos una galería de ejemplos, anecdotarios, tipos de albures que incluyen los versos populares, adivinanzas, frases selectas, refranes, los dichos y chistes, diálogos pícaros, recetas culinarias, apodos, onomásticos, geográficos (Metepec el grande) y hasta los palíndromos.

Se incluye un glosario porque “como dijo Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura 1956: ‘la prosa necesita una vulgaridad... más elevada’. Quien quiere alburear de manera fina, elegante e ingeniosa, necesita poner mucha atención en las palabras e ir aumentando su vocabulario”.

Cada que te veo, palpito, cuenta con una enorme lista de recomendaciones para empezar con esta tradicional oral en la que no es importante la ortografía, pero sí la destreza metal, la creatividad y un conocimiento del lenguaje.

Este libro (bien estructurado y editado) cumple con la función principal: reír un poco.


Celeste Ramírez

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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