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Jueves , 25.04.2019 / 20:06 Hoy

Malas compañías

Callejero

Celeste Ramírez

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En los primeros años de la década ochenta -cuando era más joven- mi papá me grabó una selección de canciones del cantautor Alberto Cortez, de quien me entero le ha llegado la hora mala. En ese casete que incluía muchos de sus éxitos, también recuerdo perfectamente tres maravillosas canciones que en mi adolescencia me dibujaban la sonrisa por su sátira:

-”Los americanos” (de mandíbulas grandes por tanto mascar chicles): “Si conocen historia no es por haber leído, sino de haberla visto en el cine americano”.

-”Los ejecutivos: “[…] del sillón al avión, del avión al salón, del harén al edén, siempre tienen razón y además tienen la sartén, la sartén por el mango y el mango también”.

- “Instrucciones para ser un pequeño burgués”: “Liberal, por supuesto, ha de ser, aunque el cuerpo le pida otra cosa y si acaso dejar entrever una leve tendencia izquierdosa. Con los tiempos tendrá que aprender a cambiar sin temor de camisa y estarán, como tiene que ser, estudiando sus hijos en Suiza. Con los tiempos tendrá que aprender”. (Suena familiar y vigente).

Alberto Cortez logró la interpretación única a la canción generacional -lectura evocativa y definición absoluta de la felicidad- de Facundo Cabral, “No soy de aquí”, grabada en 27 idiomas y con más de 700 versiones, a decir de su autor.

Alberto Cortez compuso diversas piezas en las que escribió a los estados de ánimo y sobre a las cosas sencillas. Además, puso voz a poetas: Antonio Machado, Pablo Neruda, Violeta Parra (“Maldigo del alto cielo”), Jorge Luis Borges, Miguel Hernández, Luis de Góngora, Luis Palés Matos, Atahualpa Yupanqui, entre otros. Y desempolvó al poeta argentino Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte.

El cantautor argentino José Alberto García Gallo falleció ayer en Madrid. En la versión online de Cartas de España, en 2015, AC le comentó al periodista Miguel Núñez Bello: “Me preguntan de dónde soy y siempre digo que llevo la Pampa y su llanura en el alma. Un día conversando con Jorge Luis Borges, en México, me reconoció que los que hemos nacido en la llanura teníamos que otear el horizonte cerrando los ojos mientras que los que nacen en la ciudad tiene el horizonte en la acera de enfrente”.

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Era el perro de la calle y del barrio de mi niñez, el Piolet, que en su nombre llevaba “una metáfora de la aventura” (Callejero).

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