Política

Sí… SOMOS

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La flama de la esperanza se ha encendido, el día 3 de septiembre las autoridades electorales han dado su “beneplácito” para registrar el nombre de este esfuerzo que dará voz e imagen a los sentires de miles de ciudadanos que no encuentran un canal confiable para canalizar su inconformidad por la situación vergonzosa y detestable en la que se encuentra el día de hoy nuestra Patria.

Cabe subrayar que esos miles... también son el pueblo.

Destaco esta idea porque me he propuesto reflexionar y llamar su atención al contenido de la palabra cuando toque estos temas, pues desde hace ya algunos años he observado que en el discurso público oficialista se ha pretendido monopolizar con la insana intención de apropiarse del contenido de una serie de palabras.

Buscan maliciosamente darles un sentido polarizante que contribuye a la perversa intención de dividir la empatía entre los ciudadanos, provocando la ruptura en el espacio narrativo común, entre los conceptos “pueblo” y “ciudadanos”, soslayando que son en esencia lo mismo, pero en distintas definiciones culturales y jurídicas.

En esta dirección, lo que busca el discurso oficial no es gobernar para la totalidad jurídica de los mexicanos, a saber, los ciudadanos, sino para la totalidad moral que el oficialismo define como “su” pueblo.

A partir de lo anterior, considero necesario tener en vista este tamiz de análisis, ya que el poder supremo del sentido y contenido de las palabras generan en las personas múltiples sentimientos y/o emociones, independientemente de su relevancia cultural, que se refleja en la conducta de las personas.

Tal vez no sean muchas las palabras monopolizadas en su contenido, sin embargo las que lo son tienen un pleno y significativo poder en el diálogo cotidiano entre las personas, significativamente en lo que han determinado como pueblo, ya que es la mayoría de los habitantes de este nuestro país. Sólo por citar algunas palabra privatizadas por el oficialismo: esperanza, moral y honestidad.

Para finalizar, quiero subrayar la intención perversa de masificar a los ciudadanos al nombrarlos “pueblo”, omitiendo en un sentido estricto su correspondencia con lo ciudadano, que tiene una connotación más jurídica que cultural, ya que a este último se le conceden derechos, subrayo, derechos, que en la interpretación jurídica exige, por definición, obligatoriedad del estado al cumplimiento de su derecho a ser reconocido con derechos legales puntuales, alejado de la demagogia oficial… y la no oficial.

Por todo lo anterior, y más aún: Sí… SOMOS, pueblo y ciudadanos a la vez.


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Carolina Monroy
  • Carolina Monroy
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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