Política

Sobre la felicidad

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Esperaba una coyuntura adecuada para hablar de la felicidad, algo que justificara la elección del tema en este espacio. Pero para qué esperar. Cualquier momento es bueno para hablar de la felicidad.

Podemos definirla como un estado de bienestar, como un sentimiento de satisfacción física y espiritual. La gente feliz es más sana y más productiva. Pero no es feliz por tener lo que normalmente codiciamos: poder, fama, dinero, belleza. ¿Qué hace felices a las personas? Varios factores, entre ellos los siguientes: el género al que pertenecemos, la personalidad que tenemos, la situación de nuestras vidas… y la edad. Género: normalmente las mujeres son un poco más felices que los hombres, aunque también son más propensas a la depresión (20 por ciento de ellas sufre depresión alguna vez en sus vidas, en contraste con 10 por ciento de los hombres). Personalidad: las personas neuróticas, por ejemplo, tienden a ser infelices, a diferencia de las extrovertidas, aquellas a las que les gusta ir a fiestas y trabajar en equipo. Situación: las circunstancias desempeñan, claro, un papel decisivo (los ricos, por ejemplo, tienden a ser más felices que los pobres, aunque no queda claro cuánto más, pues hay un punto en el que la curva del consumo deja de coincidir con la curva del bienestar). Edad: la edad que tenemos es fundamental, pero no en el sentido en que piensa la mayoría de la gente.

En diciembre de 2010, The Economist publicó en su edición de navidad un artículo que es ya legendario, con este título: “Edad y felicidad: la curva en U”. Empezaba con esta reflexión: “Si le preguntas a la gente qué piensa sobre envejecer, probablemente te responderán en la misma línea que Maurice Chevalier: La vejez no es tan mala si piensas en la alternativa. Las articulaciones rígidas, los músculos debilitados, la vista que se desvanece y la memoria que se nubla, junto con el desprecio descarado del mundo moderno hacia los ancianos, parecen una perspectiva aterradora —mejor que la muerte, tal vez, pero no mucho más. Sin embargo, la humanidad se equivoca al temer el envejecimiento. La vida no es un largo y lento declive desde las cumbres soleadas hacia el valle de la muerte. Es, más bien, una curva en forma de U”. Al comienzo de la vida adulta, las personas suelen ser en promedio bastante felices, pero dejan de serlo conforme pasa el tiempo, hasta la edad mediana, cuando llegan a su punto más bajo: la llamada mid-life crisis. “Lo sorprendente ocurre después de eso”, señala The Economist. “Aunque a medida que las personas se acercan a la vejez pierden cosas que atesoran —vitalidad, agudeza mental y apariencia física— también ganan aquello que la gente pasa toda su vida buscando: la felicidad”. Las personas en general son más infelices cuando tienen alrededor de 46 años de edad, en México como en Suiza, Ucrania o Zimbabwe. Y a partir de entonces empiezan a ser más felices de nuevo. “Las personas mayores tienen menos discusiones y encuentran mejores soluciones a los conflictos. Son más capaces de controlar sus emociones, aceptan mejor las adversidades y son menos propensas a enojarse”. Han dejado atrás sus ambiciones; han aprendido a aceptar la vida como es.


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Carlos Tello Díaz
  • Carlos Tello Díaz
  • Narrador, ensayista y cronista. Estudió Filosofía y Letras en el Balliol College de la Universidad de Oxford, y Relaciones Internacionales en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Ha sido investigador y profesor en las universidades de Cambridge (1998), Harvard (2000) y La Sorbona. Obtuvo el Egerton Prize 1979 y la Medalla Alonso de León al Mérito Histórico. Premio Mazatlán de Literatura 2016 por Porfirio Díaz, su vida y su tiempo / Escribe todos los miércoles jueves su columna Carta de viaje
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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