• Regístrate
Estás leyendo: Los zapatistas
Comparte esta noticia
Domingo , 17.02.2019 / 23:04 Hoy

Carta de viaje

Los zapatistas

Carlos Tello Díaz

Publicidad
Publicidad

El EZLN acaba de celebrar estos días el levantamiento que hizo irrupción a mediados de los 90 en Chiapas. Desde el fondo de la Selva Lacandona, en La Realidad, sus dirigentes alzaron la voz contra el Supremo Gobierno, en particular contra dos de sus proyectos más importantes: el Tren Maya, que tiene planeado cruzar por comunidades y selvas, y la Guardia Nacional, que estará bajo el mando del Ejército. Ambos proyectos son percibidos por los zapatistas como una amenaza. “Nosotros nos vamos a defender”, afirmó Moisés. “Vamos a defendernos, vamos a pelear si es necesario”. Al día siguiente, López Obrador reiteró que no tenía problema (“amor y paz”, dijo) con el EZLN. No es posible, sin embargo, decir lo mismo de los zapatistas.

El levantamiento ocurrió hace 25 años: un cuarto de siglo. Desde entonces era mala, parecía, la relación del EZLN con la izquierda que representaba el PRD. Así quedó claro en 1994, cuando López Obrador acompañó a Cuauhtémoc Cárdenas a la Selva Lacandona, a escuchar los regaños del subcomandante del EZLN. Y así ha quedado claro después: en 2006, Marcos descalificó la candidatura de López Obrador (“germen de un autoritarismo y un proyecto personal transexenal”), en 2012 ridiculizó su discurso (“predica y fundamenta sus ambiciones en el amor”) y en 2018, en fin, publicó un comunicado, tras las elecciones, para decir que no celebraba su triunfo (“una ilusión”) porque su llegada al poder no cambiaba la realidad en México.

Pero el conflicto es aún más antiguo: precede de hecho por varios años el estallido de 1994. Nunca fueron buenas las relaciones entre la izquierda revolucionaria y la izquierda institucional, sobre todo tras el triunfo de la Revolución cubana, que propuso con su ejemplo una estrategia muy distinta a la convencional para tomar el poder en América Latina. Chiapas fue el escenario de esa tensión al final de la década de los 80. El EZLN, fundado en 1983 en la Selva Lacandona, había comenzado a crecer masivamente en la clandestinidad después de 1986, cuando asume el mando Marcos. Pero hacia 1988, todo comenzó a cambiar. El socialismo y la revolución estaban en retirada. Una ola de repudio pasó por Europa del Este, para culminar en lo que los militantes del EZLN llamaban “el quiebre de bloque de la Rusia”. Centroamérica, cercana a Chiapas, vivió también ese repudio: el FSLN perdió las elecciones en Nicaragua, el FMLN negoció la paz en El Salvador. El discurso del EZLN, por la revolución y el socialismo, resultaba, en ese contexto, muy poco atractivo. Pero había algo más: las elecciones de 1988 habían demostrado que era posible, con el voto, disputar el poder en México. El éxito del ingeniero Cárdenas entusiasmó a varias de las personas que, hasta entonces, habían dado su apoyo al EZLN. Activistas cercanos al ingeniero llegaron de hecho, por esas fechas, a trabajar con los indígenas de las Cañadas, en el ejido Las Tazas. Hubo un choque entre los cardenistas y los zapatistas, que estalló en 1989. Hace 30 años. Así de viejo es el conflicto que coloca al EZLN frente a quienes hoy conforman el Supremo Gobierno.

Investigador de la UNAM (Cialc)
ctello@milenio.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.