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Jueves , 18.04.2019 / 07:34 Hoy

Al Derecho

Parentescos

Carlos A. Sepúlveda Valle

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En estos días de convivencia conviene reflexionar sobre algunas cuestiones que se debaten en torno a la institución de la familia. La palabra parentesco significa “relación entre personas adscritas o pertenecientes a un mismo grupo y con ascendencia común”, esa relación puede ser de índole natural o biológica, cuando nace por vínculos de sangre; de afinidad, el que surge con los parientes de un cónyuge y el otro (léase hombre y mujer); o civil, que se origina por la adopción.

La institución del parentesco pareciera que no merece ya ningún respeto ni en lo moral ni en lo legal, para muchos las restricciones legales son obsoletas, de ahí que los particulares cada vez más infringen esas normas y no son castigados pues muchos jueces reconocen que existe “el derecho a una libertad sin límites”.

Varios hechos ocurridos en los pasados meses dan cuenta de esas nuevas tendencias disruptivas. Leo Zuckermann en su colaboración en el Excélsior del 7 de diciembre titulada “Una historia incestuosa” narra la relación carnal entre un padre y su hija.

El padre (fue profesor de Leo en la Universidad de Columbia) tuvo relaciones sexuales con su hija de 24 años por más de tres años, ambos argumentaron que esas relaciones fueron voluntarias y consensuadas, sin embargo ese profesor negoció con el fiscal declarándose culpable de “intento de incesto” y recibió como pena un año de libertad condicional. Zuckermann, que no acepta esas relaciones incestuosas, dice que quedó sorprendido al investigar que en varios países el incesto consensual ya es legal.

En Argentina, un juez familiar de la provincia de Rosario autorizó a una mujer a casarse con su hijastra (ambas de 33 años de edad) después de que declaró inconstitucional un artículo del Código Civil que impide el matrimonio por parentesco aduciendo que “la Constitución garantiza a todo ciudadano el derecho de procurarse su propia felicidad, y si una ley impone el parentesco por afinidad como impedimento para contraer matrimonio se menoscaba a estas dos mujeres”.

En Miami, una pareja que se conoció por internet se casó, él de 68 años, ella de 24. Tres meses después de casados, revisando álbumes de fotos familiares detectaron que había fotos de los hijos que el esposo tuvo en su primer matrimonio, de los que se había separado tras el divorcio, y sucedió que uno de sus hijos resultó ser el padre de su nueva esposa. No obstante ese descubrimiento ambos decidieron seguir juntos ya que “cada pareja es diferente”.

Estos tres ejemplos demuestran que ni las relaciones incestuosas, ni el impedimento legal por parentesco, ni el matrimonio entre abuelo y nieta son obstáculos que impidan violar la ley, y la moral, con tal de imponer su voluntad.

De seguir esta tendencia muy pronto puede hacerse realidad la siguiente historia que contaba el escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910). “Un habitante de Boston se suicidó dejando escrita la siguiente explicación: Contraje matrimonio con una viuda que tenía una hija ya grande. Mi padre se enamoró de mi hijastra y se casó con ella. En tal forma se convirtió en mi yerno y mi hijastra se volvió mi madrastra, puesto que era esposa de mi padre”.

“Mi esposa dio a luz un niño que fue cuñado de mi padre, y a la vez mi tío, pues era hermano de mi madrastra. La mujer de mi padre tuvo un hijo, que era hermano mío, y a la vez nieto, puesto que era hijo de mi hija. Por consiguiente, mi mujer era mi abuela, pues era madre de mi madre: yo era marido de mi mujer y al mismo tiempo su nieto. Mas como el marido de la abuela de una persona es su abuelo, yo soy mi propio abuelo”.

Es curioso observar que la mayoría de quienes consideran que las normas jurídicas no deberían ser limitativas y de que el Estado no debería de intervenir en cuestiones de conducta personal, sean quienes más insistan en que la palabra matrimonio debe seguir siendo utilizada y ampliada su acepción para regir la unión y las relaciones entre personas del mismo sexo.

De igual manera sorprende que quienes siempre han criticado muchas de las instituciones sociales, de manera preponderante la idea de familia, sean precisamente los que más exigen que se siga utilizando esta palabra para definir una forma de vida, por más amoral que ésta sea, pero que ellos desean implantar sin importar lo que disponga la ley o que rebase los límites de lo que la mayoría de la sociedad considera como una práctica moralmente valida.

Las relaciones familiares y la institución del parentesco deben estar protegidas en la ley y respetadas por todos.

csepulveda108@gmail.com

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