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Sábado , 23.03.2019 / 15:48 Hoy

Al Derecho

Madero

Carlos A. Sepúlveda Valle

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Toribio Esquivel Obregón fue vicepresidente del Partido Antirreeleccionista en 1909, en su libro Mi labor en servicio de México explica su incursión en ese partido, narra sus gestiones en favor de la paz ya iniciada la lucha armada, y hace un análisis de la personalidad y la presidencia de Madero.

Relata que en marzo de 1910 fue sorprendido con la noticia de que Emilio Vázquez Gómez, presidente del partido Antirreleccionista, proponía la candidatura del general Díaz para la presidencia de la República, y como le parecía increíble que quien “presidía el antirreeleccionismo predicara la reelección” le envió una carta en la que le mostraba su desacuerdo.

También se dirigió a Madero para que le aclarara la situación, y éste, en su carta de respuesta (8 de marzo de 1910) reconocía: “Es cierto que en la “Sucesión Presidencial” había emitido idea contraria…deben comprender que el general Díaz sólo se le quitara del puesto por medio de una revolución, y como debemos hacer lo posible por evitarlo, nuestros candidatos deben estar dispuestos a sacrificar su candidatura para evitar tal peligro… pero siempre que el general Díaz nos dé “seguridades absolutas”… estas seguridades constituirán que el Vicepresidente sea designado de acuerdo con nosotros, y que desde luego sean substituidos algunos gobernadores por miembros de nuestro Partido”.

Esquivel Obregón señala que las cosas se precipitaron con la prisión de Madero y su fuga a los Estados Unidos donde se lanzó a la lucha armada.

Resalta el asombro que causó los primeros encuentros de armas, señala que en unos cuantos días la mentalidad y la actitud de la gente se transformó, que los que ridiculizaban a Madero comenzaron a elogiarlo y a admirarlo, y expresa que para él sólo había una cosa peor que la continuación del general Díaz en el poder: una revolución.

A principios de 1911 Braniff lo invitó a que interviniera para lograr un avenimiento entre Madero y el gobierno, tuvo reuniones con Madero en El Paso, y con el presidente Díaz, y cruzó numerosas comunicaciones entre ambos mandos entre abril y junio de ese año, en el libro Democracia y personalismo (publicado en 1912) relata y documenta algunas de las gestiones que llevó a cabo.

Esquivel Obregón sostiene que en el desmoronamiento de la presidencia de Madero hay un factor que lo explica todo: Madero mismo. Él creía en dos cosas a pie juntillas y esas dos cosas eran un tanto cuanto incompatibles: la democracia y su personal y casi ilimitado ascendiente sobre el pueblo.

Para él una cosa que él quería, la quería el pueblo. Él creía de la mayor buena fe que si una cosa era en su concepto buena el pueblo no podía dejar de quererla. ¿Quién era el pueblo? ¿Cómo podía saberse lo que quería el pueblo?

Esas cuestiones no le preocupaban, ni eran bastantes para debilitar a su convicción en la identidad de sus propósitos con los del pueblo.

Agrega, Madero era un hombre bueno, su valor civil y personal eran indiscutibles, pero el complexo de su bondad natural como la idea confusa de democracia, y de la voluntad popular identificada con la suya, pudo llegar a hacerlo un gobernante tanto más temible cuanto más creía en la bondad absoluta de sus propósitos. Desdichado del que los contrariara, aunque fuera en bien de él mismo, Madero no entendía de distingos, no se le podía salvar de sus propios errores.

A esto debe agregarse un defecto, su falta absoluta de conocimiento de los hombres.

De la misma manera que objetivaba su voluntad atribuyéndosela al pueblo, así también, a aquellos lo rodeaban y le fomentaban su modo de ver les prestaba sus propias cualidades. Madero, un hombre bueno, tenía verdaderas debilidades y cariño por notorios bandidos.

Con frecuencia desdeñaba al hombre honrado que se le acercaba con sinceridad a advertirle un error, y agasajaba y mimaba al criminal mismo que aparentaba profesar sus principios.

Refiere Esquivel, el Gobierno caminaba en medio de gravísimos problemas sin dar solución a uno solo, y al contrario, creándoselos o agravándolos él mismo. Todo el mundo hablaba de un posible levantamiento, todos podían ver que la atmósfera estaba cargada, y el Gobierno era el único que parecía ignorarlo, o bien no daba importancia a la situación, pareciendo a veces gozarse en desafiar a sus contrarios.

Madero seguía creyendo en el pueblo y en la identidad de ese pueblo con el propio Madero, se creía inmune y veía todos los descontentos con el más alto desprecio.

Madero y AMLO coinciden en su visión sobre el pueblo, en su personal e ilimitado ascendiente sobre éste, en su cariño por algunos bandidos, en su incapacidad para gobernar y en el desprecio que sienten por quienes no coinciden con ellos.

Una diferencia, la presidencia de AMLO no va a colapsar por un golpe militar.


csepulveda108@gmail.com


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