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Jueves , 21.02.2019 / 23:17 Hoy

Al Derecho

Desamparado

Carlos A. Sepúlveda Valle

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En sus dos años como presidente de Estados Unidos Donald Trump no ha dejado de ser noticia diaria, en este año lo seguirá siendo, lamentablemente para él no lo será por los éxitos diplomáticos, buenos resultados de su administración o por realizar hechos heroicos, por el contrario, a partir de ahora la mayor parte de la información relacionada con su persona estará dirigida a especular sobre la manera y fecha en que dejará el poder.

Los expertos consideran que los problemas legales del presidente Trump son mucho más explosivos que los que en su momento enfrentó el presidente Nixon como consecuencia de la irrupción que varios sujetos hicieron en junio de 1972 en las oficinas del Partido Demócrata ubicadas en el edificio Watergate y cuyas consecuencias fueron el procesamiento de varios colaboradores del mandatario, el inicio de un juicio político en su contra y la renuncia de Nixon en agosto de 1974.

A pesar de que han transcurrido 45 años entre una y otra elección, sorprende comprobar las similitudes que existen en ambos casos, en 1972 lo que se llamó “Watergate” se trataba de robar documentos (no tanto de poner micrófonos ocultos), en el 2017 en el asunto que se denomina “trama rusa” el fiscal especial tiene como objetivo central conocer el grado de intervención telemática de los rusos en el proceso electoral que llevó a Trump a la presidencia y la posible complicidad de su entorno o de él mismo.

En ambos casos la presión del Partido Demócrata -y sobre todo de los medios de comunicación- fue fundamental para obligar a los presidentes a que designaran fiscales especiales que investigaran la verdad de los hechos ocurridos, y aun cuando Nixon logró sustituir al primer fiscal el segundo fue más letal para él, en cambio Trump nunca pudo destituir a Robert Mueller ya que de haberlo hecho seguramente esa decisión hubiera significado el fin de su presidencia.

Otras similitudes con Watergate son el número de funcionarios del primer círculo presidencial que han sido encontrados culpables de haber conspirado en contra de sus rivales políticos, mentir en declaraciones judiciales, obstruir la justicia, ocultar gastos, lavar dinero para la campaña, haber hecho pagos en secreto, obtener beneficios económicos y varios delitos más.

Son varios los funcionarios imputados, declarados culpables y que han recibido sentencia, entre ellos se encuentran Paul Manafort, ex jefe de la campaña presidencial de Trump quien está detenido acusado de una docena de delitos, conspirar contra los Estados Unidos, no declarar ingresos, lavar dinero proveniente de supuestas asesorías a Ucrania y a rusos (se calcula que obtuvo beneficios por 75 millones de dólares) y varios más de los que ya se declaró culpable.

Michael Cohen, abogado personal de Trump durante varios años, fue quien negoció y pagó el silencio de mujeres que habían tenido relaciones sexuales con Trump, pero más que la inmoralidad de esos actos a la fiscalía le interesa conocer el origen de esos recursos, y sobre todo, saber si estos fueron parte del dinero de campaña lo que constituye un delito que puede tener consecuencias funestas para el presidente. Cohen ya se declaró culpable, ha sido condenado a tres años de cárcel y hasta ahora se desconoce en qué medida está comprometido el presidente en la planeación y ejecución de esos delitos.

Por lo que hace a la situación legal de Jared Kushner y de Donald Trump, yerno e hijo del presidente, se considera que existen serias probabilidades de que se les inicie juicio criminal por haber rendido falso testimonio ante autoridades, esto es, mintieron respecto de los contactos y las reuniones que tuvieron con agentes rusos, entre ellos el embajador de Rusia ante los Estados Unidos.

Las renuncias de dos jefes de Gabinete, de los secretarios de Estado, de Defensa, del Procurador General y de decenas de funcionarios del primer nivel ponen en evidencia el descontrol del gobierno Trump, y peor que eso, las críticas que casi todos han hecho de su estilo personal, de su carácter y de su calidad moral lo exhiben como una persona que no merece seguir siendo presidente.

Nancy Pelosi, 78 años de edad, católica, muy progresista, con más de 30 años como diputada (ha ganado quince elecciones de manera consecutiva) y presidenta de la Cámara de Representantes por segunda vez ya declaró que respecto de un posible juicio político al presidente nada está descartado.

Por sus conflictos con la ley como candidato, por sus negocios personales, por el descontrol de la Casa Blanca, por la llegada de la mayoría de diputados demócratas, y sobre todo, por los resultados que arrojen las investigaciones del fiscal especial Robert Mueller se puede augurar que la presidencia de Trump ha entrado en su ocaso.

Trump es un ser desamparado, ¿renunciará, será destituido, terminará en la cárcel?


csepulveda108@gmail.com





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