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Martes , 23.04.2019 / 23:37 Hoy

Duda razonable

Un gobierno en busca de un fusible (y un "Chapo")

Carlos Puig

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El sexenio pasado, la bronca entre el titular de la Secretaría de Seguridad Pública y los procuradores y procuradora general de la República fue legendaria. A esas grillas, de un lado y otro se buscaron aliados en las secretarías de la Defensa y de Marina.

Las peleas están bien documentadas por los cables que se dieron a conocer en WikiLeaks. La opinión de Carlos Pascual, entonces embajador de Estados Unidos en México, criticando esa falta de coordinación ofendieron de tal manera al entonces presidente Calderón, quien era el gran coordinador, que terminó pidiendo la remoción de uno de los más profesionales funcionarios que los americanos han enviado a México.

Fue por eso que la más importante narrativa del gobierno de Enrique Peña Nieto alrededor de los asuntos de seguridad fue la utilización de la palabra coordinación una y otra y otra vez.

La segunda parte de la nueva estrategia fue desaparecer la SSP e integrarla a la Secretaría de Gobernación. Con eso, se argumentó, habría aún más coordinación.

En lo que nadie pensó, o si lo pensó minimizó el riesgo, es qué sucedería cuando las malas noticias —y en seguridad siempre las hay— desgastaran al ahora responsable de la seguridad, pero también de los asuntos que tradicionalmente ocupan al secretario de Gobernación, el de mayor responsabilidad en el Ejecutivo después del Presidente.

Al final de cuentas, el sexenio pasado, el Presidente se armó de fusibles, intercambiables en crisis puntuales. Por eso los múltiples procuradores, por ejemplo.

Hoy, la decisión de cargar en una supersecretaría los asuntos políticos, migratorios, religiosos, políticos, relación con partidos y además policiacos y de seguridad hace que toda crisis debilite al secretario y al mismo tiempo, por su relevancia, lo haga muy difícil de mover.

No solo eso. Ayer escribía con razón Héctor Aguilar Camín que “la fuga de Guzmán Loera no ha tenido consecuencias políticas parecidas (al caso Korenfeld, por ejemplo). Regresa ahora como el gigantesco escándalo que es, tres meses después de que los responsables dan vueltas en círculo tratando de culpar a otros”.

Pero lo mismo ha sucedido con Tanhuato o la noche de Reyes en Apatzingán o la crisis de desaparecidos.

La respuesta, creo, está en que al final de cuentas todos esos tocan en el corazón de una misma secretaría, hoy demasiado importante para ser fusible.

Y por lo mismo, acaban siempre desgastando al Presidente.

Twitter: @puigcarlos

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