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Sábado , 20.04.2019 / 14:46 Hoy

Los caminos no vistos

Gracias, Sigmund

Carlos Prospero

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El poeta energiza las palabras al hacerlas funcionales de acuerdo a su voluntad de estilo.

Al principio suenan extrañas, pero su repetición las desgasta y en cuanto pasan a formar parte del habla coloquial, pierden su energía, su peso.

Los poetas que empezaron a publicar en los años 70 sacaron del habla poética toda la palabrería desgastada y propusieron el uso del lenguaje coloquial en el campo literario, porque era un lenguaje vivo. Quería mantener contacto con sus lectores y creía que era posible que entendieran que la palabra era mágica y que la dominaba era un mago, un chamán.

Esta actitud, como las palabras, se desgastó cuando todo mundo quiso ser chamán.

Luego de los alucinógenos aparecieron los psiquiatras con sus drogas legales. El poeta fue declarado enfermo psiquiátrico cayó del pedestal en donde se sentaba y en su lugar quedó el lenguaje –no las palabras, instrumento para reconocer la realidad, sino esa entidad abstracta que es el lenguaje.

El enfermo mental cree que sus fantasmas son realidades, que sus alucinaciones son ciertas, porque puede describirlos mediante las palabras.

Si aquello que era abstracto, y hasta desconocido, se puede materializar con las palabras, no es porque las palabras tengan vida propia, pero eso no lo han entendido todavía los que se dicen poetas.

Aún no se ha tomado en serio el hecho de que el hombre es el centro del cosmos, no el lenguaje que es, al fin de cuentas, un medio para que se manifieste esa parte del hombre que lo distingue del mundo animal.

El lenguaje no ha transformado al hombre, sólo lo distingue, porque el hombre, hasta ahora, no ha dejado de ser parte del reino animal, y eso es de gran peso para los que creen que el alma del hombre se desarrolla independientemente de su físico.

Freud nos los recuerda a través del Principio de Realidad (esto es lo que somos, hombres), frente al Principio de la Ilusión propuesto por C. G. Jung que, a la manera de la filosofía platónica, cree que el hombre está dividido en cuerpo y alma.

El hombre crea la palabra para manifestar esa parte de sí mismo que solamente toma forma a través de ella, pero la palabra no es un fin en sí mismo

Cuando Freud dice que la manifestación de lo inconsciente es un señuelo, nos indica que la asociación de ideas o la escritura automática (ésta última propuesta por André Breton y los surrealistas como método de escritura creativa) no es creatividad. Si así fuera, todos los neuróticos seríamos escritores.

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