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Miércoles , 20.02.2019 / 17:46 Hoy

El asalto a la razón

La ‘verdad’ es casi siempre sospechosa

Carlos Marín

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Hace cuatro años Jesús Murillo Karam definió como “verdad histórica” la conclusión de su informe sobre el caso Iguala. Se arrepentiría después, reconociendo que debió llamarla “verdad jurídica”, pero de entonces a la fecha sostiene que hubo un grupo “muy grande” de personas llevadas por narcotraficantes de Guerreros Unidos al basurero de Cocula, donde los que no habían muerto asfixiados en el traslado terminaron siendo asesinados y sus cuerpos quemados hasta la carbonización, triturados y arrojados al río San Juan.

Ayer, en presencia de funcionarios de Gobernación y Relaciones Exteriores, de los representantes, acompañantes y una comitiva de los padres de los 43 se instaló la Comisión de la Verdad del caso Ayotzinapa.

El subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, aventuró un comentario que sorprende: “La única verdad es que no hay verdad…”.

¿Acaso en el actual gobierno se desconoce o no se quiere tomar en cuenta lo que consta en el voluminoso expediente sobre una cantidad imprecisa de estudiantes que fueron secuestrados por policías municipales de Iguala y Cocula para entregárselos a sicarios del crimen organizado que, por confundir a algunos con delincuentes de una pandilla rival, decidió ultimarlos?

Imperdonable sería que Encinas y los integrantes de la Comisión desconocieran que el día de los hechos un grupo de normalistas, en su mayoría de primer ingreso, llegó a Iguala por instrucciones de sus líderes, estudiantes unos, otros no, para botear y luego trasladarse a la capital del país con el fin de participar en la conmemoración del 2 de octubre.

¿Ignoran también que varios de los homicidas confesaron su participación y que algunos han recobrado la libertad por el supuesto de que sus dichos fueron arrancados bajo tortura?

Debieran saber que el matrimonio Abarca-Pineda pagaba una nómina especial de policías apodados Los Bélicos, testaferros de Guerreros Unidos, como lo corroboraron compinches de la banda en Estados Unidos.

¿Es o no verdad el cruce de mensajes de guerreros en Chicago interceptados por la DEA en que se ordenan acciones (orquestadas por un tal Pablo Vega Cuevas) para culpar de los hechos a los militares?

Tal vez la Comisión de la Verdad satisfaga demandas de otras vertientes en la investigación y encuentre una verdad alternativa. De ser así, será de ínfimo detalle frente a la histórica o jurídica ya sabida. Lo que descubra, ¿será la verdadera “verdad”?

Se antoja imposible que a lo que se llegue complazca a quienes vienen rechazando la esencia del informe de Murillo Karam, que hoy palmean el hombro del subsecretario pero que mañana le darán la espalda.

Falta por conocer los alcances y límites de la comisión, sobre todo si, como resolvió sin base constitucional un tribunal colegiado en Tamaulipas, se pretende someter al Ministerio Público a las órdenes de los que jurídicamente serán meros coadyuvantes

cmarin@milenio.com

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