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Martes , 23.04.2019 / 19:27 Hoy

El asalto a la razón

Falsos redentores

Carlos Marín

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En las unciones de ayer, los principales candidatos reiteraron que combatirán la corrupción.

Anaya no buscará venganza sino justicia, Meade será implacable y López Obrador la acabará con terquedad, perseverancia y “necedad” (debieron prevenirle que eso es de ignorantes, obtusos y torpes), lo que hará inclusive “rayando en la locura”.

Por antiguo, cultural y tumultuario, el reto no es insuperable pero sí descomunal.

Corrupción e impunidad son el mal endémico nacional que subyace en casi todos los demás problemas de México (incluida la creciente criminalidad), y combatirlo no está en manos de un Presidente, sino en el simple respeto a la legalidad.

Más que luchar como Chespirito contra la corrupción, quien gane, simplemente, no debe estorbar en la tarea propia del fiscal y los magistrados cuya designación sigue postergando el Senado.

La deshonestidad está tan arraigada en amplias capas de la sociedad como el fervor guadalupano, el futbol, la herencia de plazas y el agandalle en los saqueos a tiendas y trenes o en la actividad huachicolera y narca de pueblos enteros.

cmarin@milenio.com

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