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Australadas

Por sus webs

Carlos Gutiérrez

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Justo cuando le comenzaba a hacer falta al escenario “naconal” algo de picardía, ha aparecido alguien para poner el orden justo e incitar a las hordas. Y se necesitaba de alguien con la calaña precisa para que, pateando el avispero, agitara ese México nada profundo que ya estaba enquistándose en el imaginario colectivo. La semana anterior se le ocurrió a Víctor Trujillo por la vía de Brozo (¿o fue al revés?), cuestionar el numerito con el que se estructuran las conferencias mañaneras de López Obrador. Y pum, que se arma la rebambaramba, que me lo tunden en redes sociales y casi lo queman en leña verde.

A nadie debería sorprender ambas cosas. Primero, que se diga que el montaje de las conferencias es un montaje (que, si no lo es, definitivamente es un fraude, porque eso es justo lo que parece). Y, segundo, que el chairismo recalcitrante fustigue al Payaso Tenebroso en redes sociales, por señalar con dedo flamígero al ídolo de las multitudes zurdas. Si alguien pensó que las cosas serían distintas en este país que se cae a pedazos con la irrupción al poder del rayito de esperanza, es que de verdad compró el discurso morenista sin sospechar que solamente cambiarían para hacerse peores.

Esto explica la acentuación de los defectos de épocas pasadas, con el candor de quienes apenas van aprendiendo a operar en la lógica de lo torcido, lo que resulta en movimientos torpes e insultantes por ineficaces y obvios. Y, por supuesto, explica la virulencia de los fans del tabasqueño que a la menor provocación salen a defender la inoperancia, el aletargamiento en las acciones y la ausencia de resultados. Y de paso ilustra la forma en que se conduce un régimen que tiene sobre sí la sombra del autoritarismo propio de las dictaduras siniestras, que a la postre resultan tan perniciosas como las diestras.

De ahí el malestar contra Brozo, quien más allá de todos los estigmas que le cuelgan e incluso del otrora tufo televiso, es poseedor de argumentos que poco a poco van resultando irrebatibles. A pesar de que Jorge Ramos irrumpa en las mañaneras para fustigar a López Obrador o que la Poniatowska inopinadamente salga a defenderlo. Algo no está funcionando en este país hundido en la barranca y comienza en la cabeza. Y es que los índices delictivos siguen al alza, en oposición a la macroeconomía y la calidad de vida de la gente, al respeto que se tiene por el estado de derecho y a la simpatía que una vez produjo el que ahora funge como presidente. Y en esto nada tiene que ver Brozo y sus webs.

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