• Regístrate
Estás leyendo: La ficción de Madrid
Comparte esta noticia
Miércoles , 20.03.2019 / 12:40 Hoy

Australadas

La ficción de Madrid

Carlos Gutiérrez

Publicidad
Publicidad

La historia de la humanidad conlleva un peculiar ejercicio reflexivo. Mucho de lo vivido como habitantes de este planeta se da a partir de la interacción que tenemos con el entorno, pero sobre todo con aquello que se ha creado independientemente de las cuestiones naturales. La creación de conceptos, de hipótesis y de teorías, la serie de ideas que nos gobiernan, los preceptos por los que nos movemos y nos definen, tienen como base la ficción, es decir, creernos cosas que no existen. Como las religiones, las razones sociales y, ciertamente, los matrimonios.

Noah Yuval Harari lo ilustra de forma estupenda en el libro “De animales a dioses, breve historia de la humanidad”. En él da cuenta del devenir de hombres y mujeres a partir de las ficciones que nos hemos contado y de cómo nos han permitido sobrevivir como especie, cómo hemos acudido a la confianza para sobrevivir y a la conveniencia para comprarnos las ficciones que esbozamos y cómo éstas han permitido que tendamos lazos de cooperación para evolucionar.

Un ejemplo cotidiano del ejercicio de la ficción es el fútbol, una actividad lúdica denominada deporte que se rige por reglas inventadas y con una lógica completamente ficticia. Pero también un apego a la simbología que deriva del sentido de pertenencia a algo, sí, ficticio. Y aunque no por ser parte de la ficción carece de sentido, esta lógica humana es representación de los apegos inexplicables que acusamos en torno al balompié. Este sentido de la ficción me ha hecho pensar en las penurias que últimamente definen al Real Madrid.

Como equipo de fútbol, los merengues son una expresión ficticia. Existen, aunque no existen en la realidad, o sea, forman parte de un entramado mental que sólo funciona en tanto quienes simpatizan o discrepan le otorgan razón. Por eso tiene sentido la pasión que despierta y el nivel de impacto que existe en sus seguidores. Y de paso explica la cantidad de billetes que se derraman por su afición, dinero que, al igual que el fútbol, es de igual manera un ejercicio ficticio.

Para comprobarlo basta pensar en los acuerdos que subyacen en el valor de una divisa, en la confianza depositada en quien la expide y, desde luego, en la esencia básica ligada al oro y a la plata, algo ficticio. Eso, el vínculo indisoluble entre un equipo de fútbol como el Madrid y el dinero, son un crudo ejemplo del poder de la ficción, de algo que no existe, aunque haya pruebas materiales de su existencia, que no hacen sino legitimar la eficacia de la fe.

Ciertamente puede resultar triste ver la desnudez de una pasión desde la perspectiva del constructo que evoca. Pero dudo que abone en algo contra la enajenación consecuente. En especial ahora que Zinedine Zidane ha regresado a la Casa Blanca y la ilusión del triunfo vuelve a iluminar las sonrisas merengues.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.