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Martes , 19.02.2019 / 14:08 Hoy

Columna de Carlos J. Guizar

Un presidente que nada de muertito

Carlos J. Guizar

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Después de las elecciones del 1 de julio, parece que en México tuvimos dos Presidentes: uno electo y otro de papel, sin ganas de seguir.
Por décadas, el poder lo ejercían los mandatarios hasta el último día de su sexenio o llevaban una transición gradual pero Enrique Peña Nieto (EPN) se ha convertido en la excepción, sin reflectores y opacado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Más allá de evaluar las cuentas que entregará, analizaremos cómo EPN sigue en el cargo pero cede el poder.

Primero, un presidente paralelo. AMLO marcó la agenda nacional de manera inmediata después de ganar, mientras que EPN se volvió más reactivo y pasó a segundo término, tanto mediática como políticamente.

Como López Obrador anunció su gabinete con tal anticipación y parece tener prisa, tanto él como los futuros funcionarios aceleraron el paso, se reunieron con autoridades extranjeras y rápidamente buscaron reformas, por su mayoría en el Congreso (BBC, 01/09/18).

Un ejemplo del gobierno de facto, fue la consulta sobre el aeropuerto, ya que dio por concluida la principal obra de infraestructura de la actual administración, aún cuando seguía en funciones.

Segundo, sin respuesta ante la desgracia. El paso del huracán Willa por Nayarit dejó más de 180 mil damnificados y 100 mil personas perdieron todo su patrimonio pero EPN se desentendió y no les dirigió ni un mensaje.

El Gobierno de Peña Nieto no respondió como debía, dejó a los nayaritas a la deriva y le heredó el problema a la próxima administración.

Con el pretexto de que ya se van, se escudaron en que no tienen recursos para los damnificados, así que el poco apoyo les llegó a cuenta gotas y sin servir de mucho ante la magnitud del desastre.

Tercero, el TLCAN. Desde su campaña, Donald Trump amenazó con renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, por lo que Estados Unidos y México comenzaron dicho proceso.
Las negociaciones tuvieron ciertos avances pero se toparon con pared ante un presidente saliente. Si el gobierno electo no hubiera participado, no se habría consolidado el acuerdo (BBC, 21/08/18 y ADN Político, 04/09/18).

Peña Nieto termina un sexenio con escándalos de corrupción, altos índices de violencia e impunidad, la deuda pública más alta de la historia y con la aprobación de dos de cada diez mexicanos (Mitofsky). En lugar de aprovechar sus últimas semanas, tiró la toalla antes de tiempo, se convirtió en un presidente de papel, que sólo cuenta los días para dejar el cargo.

@carlosjguizar

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