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Miércoles , 20.03.2019 / 10:28 Hoy

La letra desobediente

Toledo

Braulio Peralta

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Es una leyenda viva que nació para creador. Nunca pensó en otra cosa. Pero jamás renunció a su capacidad política para participar en asuntos de la nación, donde los gobiernos tienen vocación antidemocrática. Un artista poco común en México, donde casi todos son estragados por el sistema de cooptación institucional. El más alto grado de intelectual comprometido con la defensa de eso que llamamos pueblo.

Acaba de ganar al gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, la defensa ecológica del Cerro del Fortín, parte del Centro Histórico de la entidad, patrimonio de la humanidad por la Unesco. Ese triunfo es una larga lista de hechos relevantes que hacen de Francisco Toledo el hombre necesario en un país al que pocos dicen no al poder en turno. Su congruencia no tiene parangón en las capillas culturales, acostumbradas a estirar la mano y callar a los reclamos sociales. No es indígena, pero encarna ese carácter taciturno de la raza que nos hizo mestizos.

Una nación no son las leyes: es su gente. Toledo representa lo mejor de México. El que no se agacha, el que levanta la voz, el que reclama justicia y democracia, el que pide civilidad en tierra de bárbaros. Hasta Raquel Tibol reconoce en el libro de Angélica Abelleyra sobre Toledo: "Ni siquiera Diego Rivera hizo cosas así". Cosas así: el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), el Centro de Artes de San Agustín (CaSa), el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, La Casa de Matemáticas... Imposible nombrar todo lo que ha realizado por su estado —donde por cierto no nació (es del Distrito Federal y vivió su infancia y parte de su adolescencia en Minatitlán, Veracruz)—.

Cuando los crímenes de estudiantes en Ayotzinapa, fue de los primeros en manifestarse por la tragedia. Salió a las calles en diciembre de 2014, con 43 papalotes al aire, con los retratos de los desaparecidos. "Si se les busca por tierra, bueno, también hay que buscarlos por aire", dijo y recordó que es costumbre del Istmo de Tehuantepec encontrar a las almas por vía del juego y la tradición, en Días de Muertos. Con esa idea siguió trabajando hasta alcanzar su "duelo" creativo:

Con cerámica de alta temperatura, con "mucho rojo, mucha sangre", la muestra Duelo puede verse en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. Arte y barbarie. Un chingón, lejos de los intelectuales de pacotilla.

Twitter: @Braulio_Peralta

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