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Lunes , 22.04.2019 / 14:44 Hoy

La letra desobediente

#MetooMaría

Braulio Peralta

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Mire usted, detesto a Carlos Fuentes porque en Orquídeas a la luz de la luna —esa obra donde aparezco con Dolores del Río en el barrio de Venice, en los Ángeles—, es una invención literaria que en nada reivindica mi paso por el cine. ¡Ninguna de las dos hablamos así! Tampoco le importó inspirarse en mí para su novela Zona sagrada, donde inventa cosas que nada tienen que ver conmigo. ¡Mi vida es mejor que esa novela! Todo lo que escribió sobre mí no se lo voy a perdonar nunca…

Yo no soy esa. Asómese usted a las redes sociales y descubrirá lo que he logrado en estos 17 años que desaparecí, sí, pero mi rostro, mis frases, mi temple han logrado que las nuevas generaciones conozcan a una hembra que jamás se doblegó para lograr sus propósitos. En el carácter estriba el éxito de todo, no en ser mujer u hombre. En el empeño de ser, punto. Soy producto de mí misma. Nadie me inventó. Nací con genes para triunfar. Y aquí me tiene: una presencia viva después de 17 años, de lo que dicen, es mi fallecimiento…

¿Muere quien vive en el inconsciente colectivo? ¡Claro que no! Muere una obra como Orquídeas a la luz de la luna, donde se dibujan dos divas olvidadas, perdidas en su pasado, lejos de México. Ese Carlos Fuentes…Mire usted lo que han logrado quienes me recuerdan en las redes sociales. Soy un personaje donde los jóvenes atienden mis consejos, mujeres y hombres que no se dejan, que procuran ser una estela en el universo. ¡#MetooMaría es un hecho, no mamarrachadas!

Muere Zona sagrada del tal Fuentes, donde inventa sucesos que jamás pasaron. Esa Claudia Nervo es un personaje que nació sin sangre en la literatura, y yo soy más que las mujeres que protagonicé en la pantalla o en la ficción de escritorcitos. No en balde le dije a Fuentes que es un mujerujo. Hay que tener tanates para confrontarse conmigo. Uno es el lenguaje. Y a mí se me dio palabrear con quien se me ponga enfrente…

Salvador Novo, Renato Leduc, Jean Cocteau, Octavio Paz, Carlos Monsiváis y Álvaro Enrigue han escrito bien de mí. ¡Ellos sí me representan! O bastaría con leer el autorretrato que hizo Enrique Serna en Todas mis guerras, que respetó mi forma de hablar, mi estilo para decir lo que siento aquí en el alma, las batallas que gané a la vida para estar hoy tan reluciente como en Río escondido o Doña Bárbara. ¡Qué bueno que no lo escribió Enrique Krauze!

Hombres: escriban lo que quieran, no le aunque que digan lo que digan. Entiendo que tengan que vivir de mí para ganar unos pesos. O que ese actor —no me acuerdo de su nombre—, haga imitaciones grotescas a mis costillas, como si yo fuera ese payaso. Está bien que me imiten, pero no es sano para ellos porque mi figura y mi historia los aplasta hasta olvidarlos y dejar que yo siga como siempreviva.

¡Ya déjenme en paz! Regreso a mis aposentos, en un lugar sin límites. Desde donde puedo ver lo que dicen de mí, malo o bueno, justo o injusto, pero que me permite ser esa que fui, esa que está, esa que en las redes sociales encuentran con su rostro, sus frases y locuras por la vida. Aposté por vivir para siempre. Y lo logro cada día de mi cumpleaños…

Hoy, mi domicilio está en las redes sociales.

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