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Martes , 26.03.2019 / 03:22 Hoy

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Oaxaca: diálogo sí, garrote no

Bernardo Barranco

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Los sucesos del domingo 19 de junio en Oaxaca, nunca debieron pasar. Los enfrentamientos vergonzosos en Nochixtlán ya le han dado la vuelta al mundo, han creado una atmósfera social tóxica. La imagen de México ante la sociedad internacional es de desolación; muchas editoriales confirman la crisis humanitaria de los ciudadanos y la pérdida de los derechos humanos.

Lamentable el quebranto de vidas, reprochables las decenas de lesionados y los detenidos. Son heridas sociales que sacuden la memoria de un país agraviado y nos conduce, a recrear episodios históricos bochornosos. El episodio de Oaxaca, de alguna manera lo esperábamos, nos coloca ante las fronteras de la regresión. Hemos rebasado límites inaceptables en una democracia moderna. Oaxaca refleja la circunstancia política actual de los mexicanos, expresada en el descontento manifiesto en las urnas el 5 de junio. La clase política está obligada a reorganizar el rumbo y agotar por todos los medios legítimos y pacíficos para la solución de un conflicto y desgastante.

Como si no tuviéramos tantos problemas que nos azotan como pobreza, violencia e inseguridad, surge el fantasma de la percepción de una presidencia rebasada que amenaza con el colapso del sistema institucional. Está latente el recurso del autoritarismo pero en realidad sería el reflejo de la crisis de la democracia misma. Resulta imprescindible el diálogo entre los maestros y el gobierno.

La pregunta clave no es quién disparó primero, de dónde vienen los grupos radicales, ni quién tuvo la culpa sino por qué se llegó a este estado de violenta polarización. El gobierno ha sido errático en sus dichos y el riesgo es la fractura de su credibilidad. Primero afirmó que los policías no iban armados ni con toletes, después que sí, llevaban toletes. Posteriormente, el comisionado Galindo reconoció que sí llegó un grupo armado de federales para hacer frente a los grupos que portaban armas. El gobierno también se equivocó al tergiversar en un comunicado, descalificando imágenes de policías armados como falsas e intentó desmentir el trabajo de agencias internacionales y prestigiadas como AP.

No se trata de culpar a los actores sino preguntarse porqué se cerraron los canales de negociación y se fue conformando un antidiálogo. La tarea es ocuparse para abrir espacios que despresuricen la tensión y se procuren salidas pacíficas. Intelectuales, iglesias, académicos, organizaciones civiles, empresarios piden a las partes que dialoguen. Hace falta un diálogo que agote las soluciones sin cancelar a sus interlocutores. Los obispos del sur demandaron al gobierno federal "abrir una mesa de diálogo" porque el problema en la zona no es de ahora. El enojo ciudadano en la región se debe al rezago crónico, por ello piden: "reconstruir el tejido social dañado". Finalmente, es importante recordar a Paulo Freire, quien sostiene que el diálogo entraña una mentalidad abierta: "Solamente el diálogo, que implica el pensar crítico, es capaz de generarlo. Sin él no hay comunicación y sin ésta no hay verdadera educación".

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