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Miércoles , 20.02.2019 / 04:28 Hoy

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Imperiosa reforma electoral en 2019

Bernardo Barranco

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La desconfianza y la actuación desleal de los operadores políticos de los partidos, han propiciado que el sistema electoral sea barroquísimo, caro y además poco confiable. 

De cara a las promesas de campaña de AMLO, se antoja una nueva reforma electoral integral bien hecha con miras a fortalecer la democracia mexicana. 

Hace unos días, Mauricio Merino tituló su artículo, “La agonía del régimen electoral mexicano”. 

Diagnostica un Tribunal Electoral fracturado, INE sin autoridad más preocupado por el recorte presupuestal en controversia constitucional. Y una Fepade invisiblilizada. 

El andamiaje electoral requiere ser ajustado de manera responsable frente a la pérdida de confianza y garantizar la plena legitimidad de las autoridades elegidas. 

Las elecciones del Edomex y Coahuila en 2017 y Puebla en 2018 muestran el fracaso de la reforma de 2018 que construyó un sistema electoral híbrido e ineficiente entre el INE y los OPLES. 

La manera de conformar los consejos tiene vicios que lo alejan de la ciudadanía. Con cotos y discrecionalidades políticas, solo los funcionarios electorales en su mayoría abogados pueden acceder al cargo de consejeros y a un sistema que tiende a la endogamia. 

La casta electoral debe resquebrajarse, regresar a sus orígenes y abrirse a los ciudadanos reales.   

El primero de julio la elección fue históricamente holgada, evitó que las trapacerías y los grandes errores de las autoridades electorales se notaran. 

Sin embargo la tendencia de las elecciones tienden históricamente a ser cerradas. Diversos factores emplazan una nueva y seria reforma.   

1. Reducir costos de la democracia electoral; tiempos de campaña, procedimientos con menos costosos, implacable vigilancia fiscalizadora, uso de tecnologías confiables ¿Urna electrónica? 

2. Límite al financiamiento a los partidos políticos que deben sujetarse a una real transparencia y funcionamiento interno regulado, evitando tanto los grotescos chapulinazos y predominio antidemocrático de camarillas; revisar también las conformación de coaliciones. 

3. Vencer la desconfianza como motor de las embrolladas de las leyes electorales, es decir, simplificar la normatividad electoral. Muchos procedimientos carísimos se agilizarían si se eliminaran candados de vigilancia innecesarios. 

4. Desaparecer Oples y Tribunales locales, éstos últimos no tienen autoridad moral y se han convertido en ventanillas; o construir una ingeniería federal electoral que debería prescindir del INE. 

5. Recuperar los consejeros ciudadanos con ciudadanos leales reconocidos y evitar la burocratización electocrática. 

6. Repensar y en su caso legislar la segunda vuelta. Finalmente, la tarea no es sencilla pero muy necesaria a corto plazo.

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