La guerra en el Golfo Pérsico no solo es militar, geopolítica y económica. Es también religiosa y cultural. En Medio Oriente se enfrentan las posiciones más radicales del Islam, del judaísmo ultraconservador y la emergencia de un sionismo cristiano. Es decir, la República islámica de los Ayatolas, un Benjamin Netanyahu proclive a la lectura literal de la Torá y el evangelismo fundamentalista encarnado por Donald Trump.
En su libro "Choque de Civilizaciones" (1986), Samuel Huntington afirma que en el mundo posterior a la Guerra Fría, la fuente fundamental de las confrontaciones ya no serían solo la económica ni la ideología, sino la cultural. Por cultura el politólogo norteamericano concibe la conformación más amplia de civilización, esto es, la identidad cultural definida por elementos como el lenguaje, la historia, las costumbres y, principalmente, la religión.
Ante el fenómeno de la globalización, siguiendo a Huntington, cuya tendencia era la homogenización del consumo y de la coincidencia, surgen respuestas que reconfiguran identidades locales. Lo religioso fortalece lo particular y apuntala la identidad de las raíces. En suma, el autor subraya que la identidad religiosa actúa como un factor movilizador de masas y diferenciador en la política internacional.
En Estados Unidos, desde mediados del siglo XX, se desarrolla la manifestación de un sionismo cristiano de corte apocalíptico. El término se refiere al firme apoyo de muchos cristianos a Israel, basado en el relato bíblico del pacto de Dios con el pueblo hebreo. La guerra como una señal escatológica del fin de los tiempos. Es parte del lenguaje de Pete Hegseth, el Secretario de Guerra estadounidense, defensor del sionismo cristiano y de militares evangélicos norteamericanos que difunden el mensaje de que esta guerra con Irán es, de alguna manera, una guerra religiosa vinculada al Libro del Apocalipsis, la segunda venida de Jesús y el fin del mundo. Un ex marino, cuestiona la lectura religiosa de generales exaltando a Donald Trump “ungido por Jesús para encender la hoguera de señales en Irán, provocar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra”
El simbolismo religioso también ha aparecido en la retórica política israelí. Poco después de los ataques, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, describió a Irán como "Amalec", invocando a un enemigo bíblico mencionado en la Torá como una fuerza que debe ser enfrentada.
Es claro que la guerra en medio oriente no es religiosa. Sus líderes los usan como justificación de una nueva cruzada como aventura divina sin destino.