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Jueves , 25.04.2019 / 03:11 Hoy

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El divorcio entre moral y política lleva a la obscuridad electoral

Bernardo Barranco

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Este país vive una crisis ética sin precedentes.

La lucha encarnizada por el poder ha llevado a deformar lo electoral a un doble discurso que inevitablemente conduce al ocaso de la legalidad y vulnera los principios elementales de la democracia.

Se convierte el campo electoral en un juego de cinismos.

Estas semanas hemos visto con horror los brincoteos políticos, los chapulines que con tal de obtener un escaño ponen en jaque la credibilidad.

Juegos sucios en los partidos, traiciones, lamentos y pleito de sillazos en el PRD como un novedoso método para consensar plurinominales.

El espectáculo dantesco, nos ofrece hoy la clase política mexicana.

Los reacomodos de intereses personales o de camarilla se alinean con la lógica poder a toda costa. El más fuerte se impone, el audaz despoja y el oportunista se acomoda.

Patético el espectáculo que nos ofrecen los políticos mexicanos.

En medio del caos, López Obrador propone elaborar una "constitución moral". Es objeto de burlas, muchos la consideran oportunista, innecesaria, demodé.

Para el embriagamiento pragmático de los actores políticos la propuesta es anticlimática.

No solo por su contenido sino el que la propone, para muchos, es el menos calificado. Sin embargo, más allá de AMLO, es evidente el divorcio entre la política y la moral.

Es obvio el divorcio entre la ética y la práctica política del México contemporáneo.

El punto de quiebre es la corrupción que ha invadido lo político y lo electoral. El neotomismo, indujo el pensamiento católico a pensar la política como la forma más elevada del amor y de caridad.

Retoma la concepción Kantiana de la moral social como búsqueda del Bien Supremo. Paulo VI, seguidor del filósofo francés Jackes Maritain, sostiene la acción política como servicio a los demás.

Ante el dilema, en su texto La política como vocación, Max Weber aborda la cuestión definiendo dos vectores éticos de la política, por un lado, lo que llamó la ética de la convicción y la otra, ética de la responsabilidad, esto es, las perspectivas en que se asumen las consecuencias de las decisiones políticas.

¿Moral o política?

Parecieran dos campos irreconciliables.

El de los realistas (Maquiavelo) que creen que la política obedece a leyes únicas y al poder.

Por el otro, los idealistas (Rousseau) consideran que los políticos no son amos y están obligados al servicio de la comunidad sin privilegios.

¿Hay reconciliación?

¿Dónde se coloca usted?

Lo electoral vive una noche obscura de regresiones, condicionada por los intereses sobrevivencia de unos y supremacía de otros.

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