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Viernes , 22.03.2019 / 19:47 Hoy

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Cuando el perdón no basta

Bernardo Barranco

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En el marco de la promulgación del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), el presidente Enrique Peña Nieto pidió "humildemente perdón" por la "Casa Blanca"; según él, no porque haya violado la ley sino por la percepción, su mal manejo del caso ante la sociedad y haber causado indignación social. Pidió autocrítica de toda la clase política: "Tenemos que vernos en el espejo; empezando por el propio Presidente de la República." Estamos ya en la política real bajo la era de las redes sociales. En Un país de mentiras dibujado magistralmente por Sara Sefchovich, el perdón solicitado es un buen paso pero insuficiente si no hay acciones ni correcciones de fondo.

En la tradición cristiana, el perdón es una acción de dispensa por un agravio, ofensa o quebranto cometidos. Ante las faltas graves, solo Dios perdona. En la tradición judía, durante los jubileos que se festejaban cada siete años se indultaban faltas como las deudas, las viudas recuperaban propiedades y muchos presos su libertad. El tema no es menor, estamos hablando de la corrupción de la clase política como un cáncer social que nos afecta a todos en especial a los más pobres y al desarrollo del país. La corrupción como una patología de Estado, enquistada en la médula de la cultura política de las élites. Arropada por el cinismo, el encubrimiento y la impunidad. Corrupción como flagelo a la que el propio presidente se había mostrado renuente.

Para muchos en redes sociales, Peña Nieto ha cometido un delito que no se ha sancionado y no puede ser condonado con una sincera disculpa. La Casa Blanca es la punta del Iceberg presidencial. Su mal manejo sale a relucir. Primero se negó el hecho, se minimizó apostando al olvido y además se obligó al silencio mediático. También hubo un acto de venganza política disfrazada, se sacrifica la brillante trayectoria periodística de la valiente Carmen Aristegui. Hay un hecho más en la farsa, se nombra a Virgilio Andrade Martínez, como titular de la Secretaría de la Función Pública quien, como era de esperar, lo exonera en acto de dudosa validez procesal dado los intereses entrecruzados de los actores. Aun no han sido aclarados los vínculos con el Grupo Higa del amigo Juan Armando Hinojosa quien había vendido la Casa Blanca a Angélica Rivera con financiamiento a modo. El presidente de México fue duramente criticado en el país y en el extranjero por su laxitud. Sus niveles de aceptación social se desmoronaron, su gobierno y el PRI desfallecieron el 5 de junio y su imagen postrera puede quedar entroncada con el espectro de la corrupción.

El perdón presidencial nos anuncia una nueva estrategia con miras al 18. Sin embargo, la trayectoria política de Peña Nieto siempre ha estado en las fangosas fronteras de la eticidad. Son franjas endebles de lo permitido y lo abrupto. El presidente católico, sabe perfecto, que también le debe pedir perdón a Dios quien es el único que perdona agravios y pecados graves.

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