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Martes , 26.03.2019 / 11:50 Hoy

Del plato a la boca

El principio de una adicción

Benjamín Ramírez

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Con paso veloz el joven aprendiz se abre paso entre la multitud; el frac prestado, aunque en buenas condiciones, le estorba en cada paso debido a lo holgado de la pretina; la mano derecha sujeta con fuerza un maletín de cuero negro, bajo su brazo izquierdo sujeta un gato de pelaje color miel. La premura con la que a nuestro personaje se le observa es característica de la vida europea de principios del siglo XIX, cuando un golpe de suerte colocaba un pequeño experimento casero en el futuro de la vida médica, científica o hasta alimentaria de la humanidad.

Friedlieb Ferdinand Runge, era un estudiante de la escuela de Medicina en Jena, Alemania, cuando fue invitado por Johann Wolfgang von Goethe, poeta y Barón del Imperio Alemán, en 1819. El motivo de aquel encuentro tenía como objetivo realizar una demostración novedosa, la dilatación de la pupila a un gato por medio del extracto de la belladona.

Aquel joven acudía al encuentro más importante de su vida, pues, más allá de ir en busca de una oportunidad laboral, tenía la dicha de ser llamado por un personaje importante para la vida intelectual alemana.

Al final de la demostración, entre halagos y felicitaciones, el barón Goethe le obsequió unas semillas tostadas con la finalidad de que las investigara, así como lo había hecho con la belladona, para conocer que era lo qué hacía a aquellas pepitas tan adictivas al ser molidas e infusionarlas en agua, refiriéndose a la bebida café, y que devendría en el descubrimiento de la cafeína.

Hoy en día el café forma parte de las costumbres alimentarias a lo largo del planeta tierra, también se puede decir que es una de las drogas socialmente aceptadas, al igual que el té, y los refrescos de cola, pero poco se repara en su percepción a lo largo del tiempo.

La cafeína, causante de esa vitalidad después de su consumo, se puede encontrar en un gran número de productos industrializados, desde bebidas energéticas, en forma de medicamentos para contrarrestar el dolor de cabeza, hasta golosinas o postres empaquetados; sin embargo, previo al encuentro entre Runge y Goethe, los efectos de la cafeína eran relacionados a la alquimia o al misticismo, lo que provocaba pánico a su adicción, comparada a la causada por el opio o el vino.

El café tiene sus orígenes entre los siglos VI y VII, cuando un pastor etíope descubriera que sus cabras presentaban un comportamiento eufórico tras comer unas cerezas rojas; en un inicio se consumió como una bebida fermentada, llamada “qahwa”; entre los siglos XI y XV, y tras su llegada a Europa, se sirvió como infusión caliente, teniendo como principal función sus aportes medicinales; digestivo, bueno para el corazón, para el dolor de cabeza, entre otros.

No sería hasta después de aquel excepcional encuentro entre un joven y un longevo, que la historia del café cambiaría junto con todo aquel asiduo consumidor.

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