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Sábado , 16.02.2019 / 12:24 Hoy

Casta Diva

Amor sin Barreras

Avelina Lésper

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La prohibición para que una pareja del mismo sexo se case civilmente condena con premeditación a la clandestinidad, establece un juicio negativo a priori porque califica su relación como no merecedora de la aprobación social. Esto es discriminatorio. La propuesta gubernamental de anular esta prohibición es un acto de justicia. La opinión de la iglesia es irrelevante porque ellos tienen su propio sistema para casar parejas, es un acto voluntario acceder a su dogma para unirse. En la legislación laica es diferente, aquí la discriminación por la preferencia sexual es criminal. En la historia el matrimonio ha sido utilizado como instrumento de marginación con impedimentos como la raza, la diferencia de clase o religión. Los puritanos alegan que no se debe llamar matrimonio, palabra que significa “matris munium” de “matren” madre y “munium” calidad o cuidado, definición que según las estadísticas de violencia intrafamiliar no se cumple, pero en fin. Ese impedimento es muy sencillo solucionarlo: hay que cambiar la denominación. Es una unión civil, es un contrato, el nombre para todas las uniones, entre sexos iguales o diferentes, debería ser “nupcias civiles”, la palabra nupcias significa según la RAE “casamiento o boda entre dos personas”. La nueva denominación acabaría con la única traba que pueden poner los montoneros legisladores y cenadores puritanos. La motivación o el objetivo de una pareja para casarse es del ámbito privado, no tiene por qué ser una condicionante para no otorgarle ese derecho, que digan que es para procrear y tener una familia es un argumento de telenovela. La realidad es que a nuestra sociedad está educada sentimentalmente y moralmente por la televisión y más a nuestros híper incultos legisladores. La vida no es un melodrama de la pantalla, la gente se casa por dinero, por asuntos políticos, por fama, para alejarse del aburrimiento, porque se emborracharon, la lista es tan variada como las biografías de cualquier pareja. En las telenovelas si se casan para ser felices y tener hijos de ficción, pero esto, se los tengo que decir con gran pena, no es la realidad. Si la unión heterosexual fuera idílica no existiría la violencia intrafamiliar, ni los asesinatos a las esposas que son una epidemia. Al margen de lo que no existe un hechizo para el amor, todo el mundo debe tener la oportunidad de probar cómo los trata cupido si deciden unirse con un contrato civil. Nadie tiene garantizada la felicidad pero si tenemos garantizados los derechos, si una pareja decide por un compromiso legal, que lo hagan, es trabajo de la pareja cumplirlo. Parece que para entorpecer van a aplicar el tortuguismo de enviar la iniciativa a final de la montaña de cosas que tienen, pero les aviso algo: hay parejas que van a tener paciencia a su arbitrariedad. Conozco parejas estables por décadas, amorosas y fuertes que tienen derecho a casarse y que si se han mantenido unidos en contra de la sociedad no los va a vencer su injusto partidismo.

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