Política

Elecciones en Brasil: lo que está en juego

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El próximo 4 de octubre más de 158 millones de brasileñas y brasileños están llamados a las urnas. La contienda llega cerrada. La encuesta más reciente de Datafolha otorga a Lula 40 por ciento frente a 36 por ciento de Flávio Bolsonaro, y un empate técnico en una eventual segunda vuelta. Además, ello ocurre después de que la derecha y la centroderecha ganaran la presidencia en Chile, Bolivia y Colombia.

No faltan quienes se apresuran a decretar el fin del ciclo progresista en América Latina. Por ello, en Brasil no se juega solamente un cuarto mandato de Lula. Se juega la posibilidad de demostrar, como lo ha hecho México, que la izquierda sigue siendo capaz de gobernar sociedades modernas, diversas y complejas, y de convocar a las mayorías.

Durante décadas bastó con representar a los de abajo frente a los privilegios de unos cuantos. Hoy, una trabajadora aspira a un mejor salario y a servicios públicos dignos, pero también a calles seguras, precios estables y oportunidades para su familia. Una izquierda de mayorías tiene que responder a todas esas aspiraciones a la vez.

Brasil llega con resultados que lo respaldan. En 2024, 8.6 millones de personas salieron de la pobreza. El país volvió a salir del Mapa del Hambre de la FAO, el desempleo está en el nivel más bajo de su serie histórica, el ingreso de los trabajadores alcanzó un récord y, desde enero, más de 10 millones de personas dejaron de pagar impuesto sobre la renta gracias a una reforma que pide más a quienes más ganan. Es justicia social con impacto real en la vida de la gente.

Con todo, el horizonte de la izquierda moderna es todavía más ambicioso. No basta con redistribuir la riqueza; hay que ampliar las oportunidades para crearla.

México ofrece una muestra elocuente. Entre 2018 y 2024, con alzas históricas al salario mínimo y programas sociales, 13.4 millones de personas salieron de la pobreza conforme al Inegi. Con el gobierno de Claudia Sheinbaum, esa política social se acompaña de una apuesta decidida por la innovación y el crecimiento. La inversión extranjera alcanzó en 2025 un récord de más de 40 mil millones de dólares; la meta es construir 2 mil 400 kilómetros de vías para trenes de pasajeros, y el Estado impulsa un centro nacional de diseño de semiconductores y la que será la supercomputadora más poderosa de América Latina. Es un Estado que no sustituye al mercado, sino que lo orienta hacia el bienestar.

Bienestar y dinamismo económico no se excluyen. Oponer justicia social y crecimiento es un falso dilema: crecer permite distribuir mejor, y distribuir permite que más personas puedan prosperar.

La otra gran prueba es la seguridad. En Brasil, facciones criminales han buscado incluso colarse en las boletas, y la justicia electoral les ha cerrado el paso. La izquierda no puede regalarle a la derecha palabras como orden o seguridad, porque vivir sin miedo también es un derecho humano. En este contexto, México vuelve a ser referencia. Con una estrategia que combina inteligencia, coordinación institucional y atención a las causas, los homicidios dolosos cayeron 53 por ciento entre septiembre de 2024 y agosto de 2026. Se puede enfrentar al crimen con firmeza sin renunciar a los derechos humanos, y atacar la violencia desde su raíz, abriendo oportunidades.

Por último, está en juego la batalla cultural. La derecha ha querido apropiarse de la palabra libertad. Pero no es libre quien no puede pagar sus medicinas, quien abandona la escuela por falta de recursos o quien vive en un barrio sometido por el crimen. Sin condiciones materiales, la libertad se vuelve privilegio de pocos. La izquierda amplía la libertad real de las personas, y lo hace defendiendo los derechos de los grupos históricamente discriminados sin despreciar a quienes piensan distinto.

Brasil y México suman más de la mitad de la población latinoamericana y son las dos mayores economías de la región. Si ambos sostienen proyectos progresistas, el mensaje al continente será inequívoco: la izquierda no está derrotada. Sigue vigente como proyecto político y moral, con pleno potencial para interpelar a sociedades enormes, plurales y con profundos desafíos.

El 4 de octubre votan las y los brasileños, pero lo que se decide alcanza a toda la región. Mientras persistan la pobreza, la exclusión y los privilegios que niegan la dignidad, la izquierda seguirá siendo la única ruta para construir un mundo más justo, libre e igualitario.


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Arturo Zaldívar
  • Arturo Zaldívar
  • Coordinador General de Política y Gobierno de la Presidencia de México. Ministro en retiro y expresidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
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