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Domingo , 24.03.2019 / 16:30 Hoy

Causa Legal

Violencia en México

Arturo Argente

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La presente administración enfrenta el peor escenario de inseguridad en la historia moderna del país. La creación de la Guardia Nacional integrada por policía militar, naval y federal ya tiene motivos para existir.

Tijuana y Acapulco, ocupan la primera y segunda posición, respectivamente, entre las cinco ciudades más violentas del mundo, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal A.C., el cual elaboró este ranking.

A esta lista de las ciudades más violentas del mundo, se sumaron las ciudades de Ciudad Victoria, Tamaulipas; Ciudad Juárez, Chihuahua; Irapuato, Guanajuato.

Desde 2006 cuando Felipe Calderón inició el combate frontal al narcotráfico mediante el despliegue de las Fuerzas Armadas en diferentes estados del país, los resultados no han sido los esperados. La población civil ha vivido escenarios violentos que han alterado la paz de nuestro entorno.

La estrategia de combate directo a los grupos criminales con el despliegue de las Fuerzas Armadas y la persecución y captura de los líderes de los cárteles no ha rendido los frutos que se esperaban y solamente ha provocado que las organizaciones criminales se sigan reproduciendo de manera desorganizada, alimentando el ambiente de atropello que se vive en esta nación.

La impunidad, la corrupción, la falta de políticas de prevención del delito, el debilitamiento de las instituciones y la desigualdad representan las diferentes causas para que el incremento de la violencia criminal se incremente año con año.

En la actualidad el fortalecimiento de las organizaciones criminales ha acorralado al Estado, por lo que es necesario el apoyo de organismos internacionales y una fiscalía autónoma que puedan realizar tareas de contención y de procuración de justicia. De igual forma, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha recomendado al gobierno mexicano cambiar el enfoque de la política de drogas a uno orientado hacia los problemas de salud.

Lo cierto es que esta guerra contra las drogas no ha sido un objetivo de política pública viable para construir la paz que tanto se desea en esta nación. Este problema demanda una estrategia mucho más amplia, que atienda tanto las causas como los síntomas de esta guerra. Es necesario crear una estrategia diferente que enfrente los diversos motivos que le dan forma a esta violencia.

Hay que reconocer que en el ámbito de la seguridad pública hay mucho por hacer. Sigue siendo todavía uno de los retos mayores, quizá el de mayor necesidad que enfrentamos.

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