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Viernes , 22.02.2019 / 11:44 Hoy

Causa Legal

Una nueva forma de gobernar

Arturo Argente

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A las seis y media de la mañana, el presidente Andrés Manuel López Obrador se encuentra en Palacio Nacional reunido con su gabinete de seguridad, como lo ha hecho de lunes a viernes desde que asumió el cargo el 1 de diciembre de 2018, para encabezar la estrategia contra la delincuencia y el crimen organizado.

A las 7 de la mañana se da inicio a una comunicación directa entre el poder y la ciudadanía, sin intermediarios; pero también se atestigua en este ejercicio una contradicción, en la que la cuarta transformación provoca el intento de superar el clásico presidencialismo, pero al mismo tiempo es en estas sesiones mañaneras, se manifiesta el presidencialismo en su máxima expresión.

Andrés Manuel Lopez Obrador manda en la agenda, les da su lugar a todos los medios, aún a los que no componen el sector más poderoso e influyente del país, todos tienen cabida y oportunidad de preguntarle al Presidente. Es así como el titular del ejecutivo muestra una narrativa distinta en la forma en que ejerce el poder, de una forma inédita, opaca a los miembros de su gabinete que dejan mucho que desear. Un ejemplo claro es el de la titular de la Secretaria de Energía, Rocio Nahle, en la crisis de los huachicoleros que no supo ligar una idea completa y mandó una señal de crisis y confusión ante este grave problema.

El presidente ha revolucionado la forma de comunicar a través de estas sesiones mañaneras, rebasando los ratings de los noticieros y cautivando a la población mexicana. Lo cierto es que está rompiendo esquemas que todavía no podemos entender.

Pero, por otro lado, vemos a un Presidente que no informa y que deja muchos vacíos en sus conferencias mañaneras, no otorga espacios al debate, no da información plena de los proyectos de gobierno, actúa sin contrapesos, sin abrir espacio con especialistas, intelectuales, inversionistas y empresarios. Busca siempre la simplificación de los problemas sin permitir que se polaricen las posiciones.

Vemos una forma de gobernar a una velocidad pocas veces vista, sin contrapesos. Con una oposición nula, desorganizada, confusa que beneficia el ritmo de la actual administración. Esta sordera que sufre el presidente, inducida no sólo por la oposición sino también por sus colaboradores, hace que se pierda dirección en su forma de gobernar.

Es importante abrir espacios para el debate y entender que la diferencia entre informar y comunicar radica en el interés por el otro, y el intercambio de ideas donde se trate de construir puentes. Como decía Antonio Machado: “Para dialogar, preguntad primero; después, escuchad".

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