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Sábado , 23.03.2019 / 11:29 Hoy

La pantalla del siglo

Justine y el horror social

Annemarie Meier

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La película francesa Voraz (Grave) de Julia Ducournau llegó a las salas de cine para quedarse. El título original francés Grave y el nombre de la protagonista Justine son, desde luego, indicios de que la historia de iniciación de un jovencita que empieza sus estudios de médico veterinario no es ni juvenil ni dulce. El título Grave se refiere a una palabra del diálogo ya que en cierto momento del filme Justine describe como “muy grave” lo que le pasa a su cuerpo, mente y carácter durante los rituales iniciales a la universidad y la vida sexual activa. Con su nombre Justine la joven carga, además, una herencia literaria pesada ya que sus padres la bautizaron con el título de una novela del escritor y filósofo Marquis de Sade: Justine o los infortunios de la virtud de 1791.

La película Voraz remite a Sade por la descripción de un proceso de despertar sexual de una joven quien, al salir del confort de su hogar, conoce la dura realidad de una mujer en una carrera dominada por los hombres. Los rituales con los que los alumnos de nuevo ingreso tienen que mostrar su valor y capacidad de resistencia son brutales. Las clases en las que aprenden a anestesiar caballos y disecar cadáveres de perros recuerdan escenas de rastros y carnicerías y no los amables consultorios veterinarios dónde vacunan a nuestras mascotas.

También el despertar sexual de Justine es doloroso y brutal. Ella misma se horroriza de los impulsos y deseos que se apoderan de su cuerpo y psique y se materializan en una sed de sangre y carne humana que le son insoportables. Como joven vegetariana, retraída y solitaria, Justine, sin embargo, no se contagia ni se vuelve monstruo. Sigue siendo una joven mujer que necesita amor y ternura y sufre de las contradicciones que se han apoderado de ella. El drama que vive y el proceso por el que pasa, se agudiza por la relación con su hermana Alex, quien, a pesar de ser su guía hacia el mundo adulto y brutal, no pierde su sentimiento maternal hacia la hermana menor.

El espectador mexicano se sorprenderá quizás por la violencia de los rituales estudiantiles con los que se recibe a los recién llegados a la universidad. La tradición de tener que “pagar cara” la pertenencia a una asociación estudiantil de élite, tiene historia en muchas universidades de Europa Central. El caso de Justine es doblemente doloroso ya que significa participar en rituales machistas que denigran su condición femenina y principios vegetarianos. El trato que los docentes dan a los estudiantes muestra además, que el horror que vive la joven, es institucional y social. Un mensaje que la realizadora Julie Ducournau empaca en una opera prima impactante y dolorosa.

annemariemeier@hotmail.com

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