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De estafas y "jineteos"

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  • Ángel Carrillo Romero

Con mucha atención escuché al Presidente del Colegio de Notarios Públicos de Torreón, Salvador Sánchez hablando del escándalo que protagonizó un pseudo fedatario -a quien por fortuna ya le fue retirada la facultad- Fernando Nicolás Muñoz San Juan. 

El líder de los notarios asegura que este personaje ya no puede ejercer el oficio, ya que le quitaron el FIAT, nada más que eso a él ya no le importa más, porque dejó una estela de destrucción entre más de 40 laguneros que -con engaños- confiaron más de 50 millones de pesos que ahora mismo disfruta en España, porque no es lo mismo llorar -preso- en el Cereso de Torreón, que en el Pestana CR7 de la Gran Vía en Madrid.

Los incautos narran que el -en ese entonces- apoderado de la notaría pública 45, Nicolás, junto con un grupo de "notables" como los hermanos Víctor Enrique y San Juana Díaz Flores, Ana María Guerrero y Wendy Guerrero comercializaban terrenos que nunca se entregaron legalmente; en casos extremos, un solo lote fue vendido hasta a seis personas distintas. 

No se trata de un error administrativo, ni de una omisión aislada: es un esquema, una mecánica reiterada de fraude bajo el amparo de una figura que debería encarnar certeza jurídica.

Alfonso Serrano Facuse, vocero de los afectados, con algo de resignación dice que son más de 40 defraudados, aunque existen al menos 60 carpetas de investigación vigentes ante el Ministerio Público de Coahuila. 

La cifra no solo evidencia la magnitud del daño, sino también la parsimonia con la que avanza la justicia cuando se enfrenta al poder económico y a las redes de complicidad.

Conviene poner atención —mucha— porque en torno a la figura del notario público persiste una suerte de “halo de divinidad”, una investidura casi sacralizada que, en el imaginario colectivo, los sitúa por encima de la sospecha. 

Pero la realidad, terca y puntual, se encarga de desmentir ese mito: no todos poseen la virtud que el cargo exige. 

Como en cualquier estructura de poder, hay quienes honran la función y quienes la pervierten hasta convertirla en instrumento de despojo. 

Pues bien, ahora mismo en Coahuila hay un cártel inmobiliario tristemente liderado por un hombre que hoy goza del dinero malhabido de decenas de personas que con mucho esfuerzo confiaron su patrimonio ¡Salud, Nicolás! 

Quizá nos observes desde la terraza de algún barrio madrileño, con una caña en la mano y una tapa sobre la mesa. Aquí, en cambio, lo que sobra no es el vino, sino la impunidad.


angel.carrillo@multimedios.com

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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