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Martes , 23.04.2019 / 18:54 Hoy

Bala de Terciopelo

La Gran Conquista del discurso

Ana María Olabuenaga

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Cuando pensábamos que nada podía salvar al Presidente de la tremenda rechifla que se le propinó en la inauguración del nuevo estadio de beisbol de los Diablos Rojos, llegaron las 11 naves que comandaba Hernán Cortés. “¡Desembarcad!”, ordenó el conquistador a los 518 soldados, 16 jinetes, 13 arcabuceros, 32 ballesteros, 110 marineros y 200 indios y negros auxiliares de tropa. Los isleños de Cozumel corrieron espantados a refugiarse en el monte. La escena era de otro mundo. Nunca le habían chiflado y menos de manera monumental. El Presidente tomó el micrófono e insultó a una parte del estadio diciéndole fifí y en su siguiente matutina lo repitió más de 10 veces. ¡Fifí!, ¡fifí!, ¡fifí!, ¡fifí!, ¡fifí!, ¡fifí!, ¡fifí!, ¡fifí!, ¡fifí!, ¡fifí!  Hasta que nadie sabe bien cómo llegó a ¡gachupín! Todo porque en la flota de Cortés venían 16 caballos y al montar, las espuelas de los españoles quedaban a la altura del cuerpo de los indígenas. ¡Cactozopini¡, ¡cactozopini!, gritaban señalando los “zapatos puntiagudos”. Lo que derivó en el despectivo, “gachupín”. Y si nunca habíamos visto una rechifla a este Presidente, los nativos tampoco habían visto nunca un caballo. Animal que sembraría el terror entre los indígenas. Y es que encima de todo no entendían que Cortés estuviera encima de Molinero —porque así se llamaba el caballo de don Hernán— y pensaban que eran un solo ser. De horror.

Como un solo ser son también el Ejecutivo y el Legislativo de este gobierno, por lo que la iniciativa de la revocación de mandato está a punto de aprobarse. El debate es serio y de la mayor trascendencia. Por lo menos para Cortés, que se preguntaba “¿qué nombre le pondré?” Había ganado Tabasco y los vencidos le obsequiaban joyas, víveres, tejidos y 20 esclavas. “¿Cómo decís que la llamáis?”, preguntó Cortés con más fascinación que desdén. “¿Malitzin? Ese no es un nombre de Dios. Habrá que bautizarla. Este debate está basado en la preocupación que existe sobre la calidad del ejercicio democrático a futuro en nuestro país si se aprueba la revocación. Y no, el tema no tiene que ver con que el Presidente pierda en esa votación, sabemos que ganará. El problema no está ahí. El problema está en la inestabilidad democrática que supondría para los próximos sexenios. Lo que se estaría aprobando es un mandato que empezaría con: “Hemos traído a vosotros la verdad del cristianismo. ¡Convertíos! ¡Os he traído un mejor Dios!”

Y mientras la CNTE tiene sitiado el congreso, los españoles sitiaron Tenochtitlán. Los mexicas resistieron 80 días. Los profesores de la CNTE, históricamente, llevan mucho más. Imposible para el noble y guerrero pueblo azteca resistir a punta de obsidiana un cañonazo. O sí. Depende, como años después diría el presidente Obregón, de a cuánto sea el cañonazo. Para averiguarlo, ahí seguirá la CNTE, mientras que a Cuauhtémoc le queman los pies para ver si revela dónde está el tesoro mexica.

Dicho esto, que nos pidan perdón. No importa si nos independizamos de ellos hace 200 años. No importa si vendimos la mitad del territorio que nos dejaron. No importa si en dos siglos sin ellos, no hemos aprendido a vivir con nosotros mismos. Que nos pidan perdón. ¿Por qué? Porque mientras la gente piense y hable de ello, no pensará ni hablará de otras cosas.

@olabuenaga

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