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Miércoles , 24.04.2019 / 03:27 Hoy

Bala de Terciopelo

Batazo tras batazo

Ana María Olabuenaga

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¡PLAY BALL ...! Más allá de las múltiples evidencias provenientes de todo el mundo que involucran juegos con un palo y una pelota, el beisbol como lo conocemos actualmente está atribuido a Alexander Cartwright, un norteamericano que en 1845 estableció las reglas del juego. Y no, las reglas originales no dicen por ningún lado que las prótesis, puntualmente las patas de palo, no podían ser utilizadas como sustituto del bat …pero ¡vamos! es de sentido común, ya no digamos de buen gusto, descontando los inconvenientes que dicho intercambio supone para el dueño de la extremidad artificial. El hecho histórico es que el primer juego de beisbol que se llevó a cabo en México fue en 1847 y, aunque parezca increíble, se usó como bat una pata de palo. Pero que conste que no fue una pata de palo cualquiera, fue la de su Alteza Serenísima —que era como al general Antonio López de Santa Anna le gustaba ser llamado— utilizada por los soldados norteamericanos cuando lo hicieron prisionero después de la batalla de Cerro Gordo.

Todo para subrayar que nuestro país tiene una larga historia con el beisbol y que si al entonces presidente Santa Anna seguramente le pareció un juego detestable, a nuestro presidente actual le encanta. Y no solo eso, lo juega de maravilla. Basta ver las entradas de la semana pasada.

El primer inning lo abrió el Senado rechazando las ternas que el Presidente mandó para ocupar un cargo en la Comisión Reguladora de Energía (CRE). Estos fueron los que en su turno al bat resultaron ponchados por su ignorancia en la materia. A los que les metían strike tras strike con las preguntas. Los que abanicaron con respuestas que leían de internet. Frente a la escandalosa ponchada, el Presidente estaba obligado por ley a proponer nuevos candidatos. Y lo hizo. Propuso a los mismos. Es cierto, las reglas no dicen que si te los batean no puedas volver a proponer, pero… ¡vamos! es de… en fin, da igual. De aquí que, en su segundo turno al bat, el Senado —como era lógico— los volvió a ponchar y los rechazó definitivamente. Tocaba el turno al Presidente.

Entró a la caja de bateo y afianzó el bat con toda la fuerza que le da la Presidencia. El eco del palazo que le metió al equipo contrario todavía resuena en estas páginas y en todos los medios. Impuso a cuatro de los mismos.

El segundo inning fue aún más sorprendente. Pocas jugadas más delicadas que la de decidir cómo enfrentar el problema de seguridad nacional. Pocas discusiones más sensibles que las de la Guardia Nacional. Todos pensábamos que habíamos ganado cuando en el Senado se pusieron de acuerdo. Era la primera vez que se escuchaba a la oposición. Ese fue el día de la unanimidad. La que supo a jonrón. Mando civil.

De nuevo llegó el turno al bat del Presidente. Entró a la caja de bateo, tomó su bat pero también el de todos los demás. Ya no los dejó jugar. A pesar de la unanimidad, a pesar del acuerdo, el mando dijo, va a ser militar. Se fue, se fue, se fue y se voló la barda. El Senado y las asociaciones civiles quedaron tendidos en el campo porque así son hoy las reglas del juego en México. Con lo cual nos debe quedar claro, este es el juego de un solo hombre, no hay ampáyer y a nosotros nos quedan solo dos opciones: aplaudimos o abucheamos.

@olabuenaga

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