Política

Entre cráteres y balas

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  • Ana Lilia García Castelán

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Por la mañana, esquivar un hoyo en el asfalto para no destrozar la suspensión; por la noche, persignarse para no quedar atrapado en el fuego cruzado. Es el pan diario de quienes habitan el Estado de México. Mientras los discursos oficiales insisten en avances y cifras de escritorio, la realidad de la calle demuestra que la entidad está atrapada en una doble crisis: la de una ultraviolencia que desborda a las autoridades y la de un abandono urbano que raya en la negligencia sistemática.

Sólo en los últimos días, el mapa mexiquense volvió a teñirse de sangre con una normalidad pasmosa. El horror no respeta municipios ni geografías: una familia ejecutada mientras dormía en su propia casa en Cuautitlán Izcalli; cadáveres arrojados con huellas de tortura en el sur de Toluca y en las calles de Tlalnepantla; un comerciante acribillado en la Central de Abasto por defender el sustento de su día; e incluso trabajadores muertos en Villa del Carbón a causa de disputas sindicales por obras públicas. A eso se suman los ataques a quemarropa en el transporte público de Naucalpan y los cuerpos flotando en canales de Ecatepec. La violencia en el Edomex es una amenaza omnipresente que acecha en el camión, en las calles, carreteras y hasta dentro del propio hogar.

La cereza del pastel: Cuando los mexiquenses salen a la calle y se libran de ser víctimas del crimen directo, se topan con el otro rostro del colapso institucional: la ruina de sus avenidas. No es menor que la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del Inegi sitúe a los baches como el dolor de cabeza número uno para más de ocho de cada diez ciudadanos, superando incluso a la percepción de inseguridad. Esto no significa que la delincuencia haya bajado o dejado de importar, por el contrario; ahora el deterioro de la infraestructura urbana es una agresión diaria y constante que nadie puede esquivar.

Las calles de municipios como Cuautitlán Izcalli, Ecatepec, Naucalpan y casi todos en el Edomex, son un monumento a la ineficiencia gubernamental, donde menos de 30% de la población considera que sus ayuntamientos sirven para algo básico. El famoso "bacheo" se ha convertido en una simulación de gestión pública: una mezcla asfáltica de pésima calidad arrojada al vapor que la primera lluvia de la tarde se encarga de desintegrar, alimentando un sospechoso círculo vicioso de presupuesto tirado a la basura. Mientras tanto, el ciudadano termina pagando doble, primero con sus impuestos y luego con el dinero de su propio bolsillo reparando rines, llantas y suspensiones.

La indignación social ha comenzado a desbordar la paciencia colectiva. Cuando la gente recurre al bloqueo de avenidas o al desarrollo de aplicaciones independientes para mapear el abandono de sus colonias, lo que está haciendo es exhibir la ausencia absoluta de gobierno. El Estado de México se ha vuelto una franja donde la autoridad municipal y estatal parece haber dimitido de sus funciones más elementales: ni garantizan la vida de las personas en las calles, ni garantizan que esas calles sean transitables. Entre el plomo de los criminales y el cráter en el pavimento, el mexiquense no habita un estado; sobrevive a él...

R a s t r e a n d o

El desplante de las alcaldesas de Chimalhuacán y Ecatepec al ignorar el llamado gubernamental y priorizar su asistencia a la Guelaguetza, deja al descubierto que la pregonada cohesión dentro de Morena no es más que una narrativa frágil eclipsada por las pugnas de la facción "Mexiquenses de Corazón", y una insensibilidad absoluta hacia el territorio que gobiernan. Es lamentable que autoridades locales elijan ir a una fiesta patronal fuera de la entidad lejos de sentarse en la mesa que encabeza la maestra para abordar temas de seguridad. Es obvio que para ciertos cuadros dirigentes guindas, las alianzas de grupo y el cálculo político pesan más que la disciplina institucional y la urgencia de atender la crisis de inseguridad.

Por otro lado, los deplorables resultados del Tracking Mensual de Alcaldes reflejan un trance sistemático de gestión que va más allá de un tropezón administrativo. Valle de Chalco ocupa el último lugar nacional entre 104 municipios evaluados, escoltado en el fondo por las gestiones de Chalco e Ixtapaluca. La indolencia de los alcaldes Alan Velasco Agüero, Abigail Sánchez Martínez y Felipe Arvizu de la Luz, frente a las necesidades elementales de su gente es un insulto. Ese trío de incompetentes mantienen a sus demarcaciones sumidas en el abandono de infraestructura y servicios básicos, lo cual no solo confirma su incapacidad operativa, sino que traiciona las promesas mínimas de la administración pública...

Ojo: Cuando el colapso de los servicios públicos es una constante, el descontento ciudadano deja de ser una percepción para convertirse en un veredicto respaldado por los propios datos...


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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