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Martes , 19.03.2019 / 00:32 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Urge un cambio, pero de verdad

Álvaro Cueva

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¡Felicidades! Si usted está leyendo esto significa que llegó con vida a la primera mitad de 2016 y aquí está mi tradicional resumen de medio año.

La bronca es que lo que hemos vivido de enero a la fecha ha sido espantoso.

La bronca, insisto, es que recordar todos estos horrores va a ser poco menos que un viaje a la depresión.

Pero lo tenemos que hacer para que no se nos olvide, para que no volvamos a cometer los mismos errores, para que aprendamos y corrijamos.

Los primeros seis meses de 2016 serán recordados como el semestre de la oscuridad.

¿Por qué? Porque la historia le puso muchísimos retos a la industria de la televisión mexicana y, salvo honrosas excepciones, casi nadie los quiso ver.

En lugar de eso, se reaccionó con soberbia, tratando de tapar el sol con un dedo, mintiéndole a las audiencias y equivocando todavía más el camino.

Este año comenzó con el apagón analógico. Total o parcial, pero ya es un hecho.

¿Y dónde están las campañas de las televisoras anunciándole a la gente dónde pueden ver sus canales?

¿Dónde están las guías para que las audiencias conozcan las nuevas frecuencias gratuitas a las que tienen acceso?

En ningún lado. Que nadie sepa. Que nadie aproveche. ¡Que todos se pudran!

Pero amor con amor se paga y algo pasó a escala macro que los anunciantes y el público aceleraron su proceso de migración hacia otras plataformas.

Resultado: menos dinero. ¿Y qué hicieron los directivos de nuestros canales?

Echarle la culpa a cualquiera, menos a ellos, de sus fracasos, correr gente a destajo, cancelar proyectos fundamentales, etiquetar telenovelas con la palabra serie para ver si así caían los incautos y anunciar cambios.

No hay un solo canal de televisión, abierto o de paga, público o privado, con base en México, cuyos directivos no hayan anunciado cambios, reformas o refundaciones en lo que va de 2016.

¿Y qué es eso tan diferente que el pueblo de México ha gozado en este semestre?

Lo mismo de siempre, lo mismo de antes, pero acomodado de otra manera.

Desde los fallidos regresos de Adal Ramones y Los protagonistas hasta el estreno de más narconovelas como La querida del Centauro y La viuda negra (2).

Pasando, por supuesto, por el lanzamiento de más refritos como Las amazonas y Un camino hacia el destino, y de aberraciones como ¡Cuéntamelo ya! y Enséñame y ganamos.

¡Qué tan mal no habrá estado esta temporada que algunos canales como Azteca 13 dejaron de producir telenovelas para rellenar sus parrillas de programación con ¡producciones turcas!

El problema no son las producciones turcas, el problema es que entraron en sustitución de las nacionales robándole el trabajo a miles de familias mexicanas.

Y sí, hablo de relleno, porque nuestras frecuencias más importantes, en este semestre, se la han pasado rellenando sus horarios hasta con repeticiones de La carabina de Ambrosio en lugar de apostar por lo nuevo.

Si a esto le sumamos las campañas electorales, no hay manera de decir que 2016 ha sido un buen año.

¿Me creería si le dijera que en el colmo de la desesperación nació Blim?

Pero nació muerta, porque sus grandes exclusivas fueron más y peores refritos como Yago y El hotel de los secretos.

Ojo, no estoy diciendo que no hayamos tenidos garbanzos de a libra como La hermandad, Juana Inés y Hernán Cortés: un hombre entre Dios y el diablo.

Estoy diciendo que entre tantas desgracias, casi nadie se enteró.

Y si a esto le sumamos el boicot de los competidores, la grilla o la muy escasa promoción de los responsables de estas obras, la conclusión sigue siendo negativa.

Qué pena, porque por ahí hemos tenido grandes oportunidades de volver a la calidad como con Top Chef México, MasterChef Junior y Shark Tank México.

¿Y la nueva cadena de televisión abierta nacional? Nadie sabe, nadie supo.

Pero ya tienen anunciada a pura gente que se hizo en otros lados como Ciro Gómez Leyva, Javier Alarcón y Mauricio Clark en lugar de haber apostado por el valiosísimo talento que le ha sido leal a esa marca desde hace años.

Imposible creer en la televisión mexicana después de este primer semestre.

Imposible volver a creer cuando el mundo entero vibra al ritmo de la nueva época de oro de la televisión con decenas de obras maestras en todos los formatos, en todos los géneros.

¿Por dónde empezamos? ¿Por series como Game of Thrones? ¿Por programas inteligentes como Factomanía? ¿Por shows tan increíbles como Chelsea?

Estamos en problemas, el contraste entre las diferentes ventanas que integran la industria de la televisión mexicana y las internacionales es cada vez más vergonzoso y no tiende a mejorar.

Urge un cambio, pero de verdad. Cualquier parecido con otras afirmaciones similares que podamos hacer en otros aspectos de nuestra vida nacional es mera coincidencia.

¿O usted que opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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