Si Alfred Hitchcock viviera, hubiera sido el director de “Máximo placer garantizado”, la nueva serie de Apple TV+.
Así de buena es. Como “Psicosis”. Como “Intriga internacional”. Como “La ventana indiscreta”.
Sólo que en el siglo XXI con todo lo que esto implica. ¿Qué? Tecnología, empoderamiento femenino, la sociedad del cansancio.
En el muy remoto caso de que usted pertenezca a otra generación y no sepa nada de Hitchcock. Esto es como “Atracción fatal”, como “La huérfana”, como “La mano que mece la cuna”.
Para no hacerle el cuento largo: o la ve, o la ve.
Su autor es David J. Rosen, un escritor particularmente creativo al que le debemos títulazos maravillosos como “Invasion”, “Sugar”, “Citadel” y “Hunters”.
No por nada las más exigentes estrellas de Hollywood son las que trabajan con él. Figuras como Al Pacino, Colin Farrell, Stanley Tucci, Richard Madden y ahora, Tatiana Maslany que, además, es mujer.
Sí se acuerda de Tatiana Maslany, ¿verdad?, la diosa que le dio vida a enemil cantidad de personajes femeninos y masculinos en aquella maravilla de BBC America titulada “Orphan Black”.
Es la Meryl Streep de las series y con este lanzamiento podría darle uno de los giros más excepcionales a su carrera.
¿Por qué? Porque en verdad se trata de un proyecto memorable, emocionante, adictivo y, si usted gusta, hasta inteligente.
¿De qué trata? Para no venderle trama, se la voy a describir así: es sobre todo lo malo que nos está pasando hoy pero, muy especialmente, sobre delitos cibernéticos.
Sí, sobre extorsiones, robos, fraudes y lo que sucede cuando subimos contenidos a las redes sociales, cuando nos enlazamos con gente desconocida y, peor tantito, cuando le entramos a las plataformas eróticas.
Por favor no se vaya a imaginar algo como lo que pasa en “Margot tiene problemas de dinero” o en la más reciente temporada de “Euphoria”.
Esto es completamente diferente. Aquí la mujer no es la que se vende en línea. Es la que paga. El que se vende es el hombre.
Sólo que entre intercambio e intercambio pasan cosas, y más cosas, y más cosas. ¡Por minuto! Y aquello crece, crece y explota en cada final de capítulo con unos suspensos de alarido puro.
Esto se llama “Máximo placer garantizado” (“Maximum Pleasure Guaranteed”), repito, pero, no se confunda, no es un “show” para adultos de amplio criterio.
Ahí está su más grandiosa ventaja competitiva. Que ésta es una serie de mujeres que trabajan, de madres de familia, de oficinistas, de hombres desesperados y de personas como usted o como yo que usamos el celular.
Amo la manera como se van exponiendo los conflictos en este concepto porque es como la vida misma.
Si usted tiene niños en casa, va a conectar perfectamente con ese universo de niñas chiquitas que sueñan con tener seguidores en las redes sociales y que a cada rato suben videos bailando para llamar la atención mientras sus padres hacen todo lo humanamente posible por comunicarse con ellas al mismo nivel.
Y ni hablemos con lo que se plantea aquí de la vida en las oficinas porque es ese evolución que hasta el día de hoy no hemos visto en propuestas como “Mirreyes contra Godinez”, “Amor de oficina” y “La oficina”.
Todo en terror. En suspenso. En “podemos destruir tu vida” entre asesinatos, persecuciones y latas de atún.
¿A qué me refiero cuando le digo que aquí, además, hay inteligencia?
A que así como en “Orphan Black” se tocaban temas profundísimos como la clonación humana, en “Máximo placer garantizado” se habla de las nuevas soledades, de relaciones parasociales, de la ira del conductor (“road rage”), de delitos cibernéticos, del síndrome de la madre impostora y más, mucho más. ¡Es un poema!
Y si usted, como yo, es un clavado de los valores de producción, ponga atención en todo lo que tiene que ver con sonido. Casi nadie se fija en esto pero aquí, el audio dice tanto o más que las imágenes. Se lo juro.
Luche con todas sus fuerzas por ver ya, ya, pero ya “Máximo placer garantizado” en Apple TV+. Le va a gustar. De veras que sí.