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Jueves , 25.04.2019 / 05:19 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

"La obra que sale mal"

Álvaro Cueva

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Me habían dicho que La obra que sale mal era chistosa y yo, la verdad, me esperé mucho para ir a verla porque dije: “No es cierto. Ha de ser una cochinada toda aburrida, corriente, mal puesta y predecible”.

¡No! Es chistosísima, la experiencia teatral más hilarante en años. Todavía me duele la panza de tanto que me reí. Dígame, por favor, que usted también ya la vio o que la piensa ir a ver. Vale muchísimo la pena.

¿Pero sabe qué es lo más maravilloso de este espectáculo? Que es ideal para que vaya con sus hijos, con sus padres o con sus abuelos. No hay un solo albur, una grosería, una falta de respeto hacia las mujeres o hacia alguna minoría. Es el humor familiar en su máxima expresión y está extraordinariamente bien montada, llena de creatividad. Usted no puede decir que sabe lo que es una comedia si no ha visto La obra que sale mal.

Y no lo digo nada más porque el público no para de reír desde que se sienta en su butaca hasta que se escucha el último de los aplausos. Lo digo porque, formalmente, ahí están todos los elementos de este género dramático.

Cuando uno se ríe en La obra que sale mal, se está riendo de algo que, si le estuviera pasando a usted, sería la cosa más espantosa del universo. Pero como le sucede a otros, es genial, un ejercicio de crítica social, de desahogo, la terapia perfecta en estos tiempos tan oscuros.

¿Qué es La obra que sale mal? ¿De qué trata? No se asuste, no se la voy a contar. La obra que sale mal es exactamente lo que dice su título. Imagínese lo que quiera.

Yo la admiro porque es la puesta en escena de una puesta en escena. Por tanto, es mucho muy compleja, requiere de una coordinación a prueba de balas, de unas actuaciones calibradas al límite y de una interacción total con el público.Y es que dentro de toda esa aparente catástrofe, la puerta, por ejemplo, se tiene que abrir en el momento exacto, porque si no, el chiste ya no funciona y hay que esperar a que la gente se deje de reír (pero no mucho como para que se caiga el ritmo) para que la carcajada explote justo cuando tiene que explotar. ¿Sí entiende lo que le trato de decir? Todo el mundo en La obra que sale mal tiene que trabajar el triple de lo que trabaja cualquier técnico o cualquier actor en cualquier montaje.

Y la escenografía, que se supone es una porquería, es la estructura más fabulosa que usted se pueda imaginar. Cuando le digan que aquí todo sale mal es porque todo sale mal. Todo. Créame.

Y es aquí donde yo quiero felicitar a esos magníficos actores porque no cualquiera actúa como que actúa y lo hace bien haciéndolo mal.

Los amo: Juan Carlos Medellín, Artús Chávez, Iván Carbajal, Daniel Haddad, Adrián Vázquez, Majo Pérez, José Luis Guana Rodríguez, Ari Albarrán, Daniel Bretón, Daniel Ortiz y Ana Sofía Gatica.

Y amo a sus productores, y a sus directores, tramoyistas, iluminadores, vestuaristas, asistentes y a todos, todos lo que hacen algo ahí.

Pocas veces sale uno tan feliz de una obra de teatro y eso es algo que se tiene que decir, que se tiene que agradecer y que se tiene que expresar así, con amor.

Luche por ver La obra que sale mal en el Centro Cultural Teatro 2 de Ciudad de México. Le va a encantar. Se lo juro.

alvaro.cueva@milenio.com

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