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Martes , 19.03.2019 / 09:25 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El éxito de ‘Luis Miguel, la serie’

Álvaro Cueva

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Amo la serie de Luis Miguel que se está distribuyendo por Netflix. Amo todo lo que pasa en ella, cómo está hecha, lo que está generando.

¿Por qué? Porque este fenómeno sólo sirve para confirmar que las telenovelas están más vivas que nunca.

No nos hagamos tontos, Luis Miguel, no es una serie, es una telenovela.

¡Pero cómo si está hecha con base en muy pocos capítulos de una hora que se transmiten una vez a la semana!

Perdón pero así han sido muchas de las más exitosas telenovelas de todos los tiempos.

¿A usted ya se le olvidó cómo se transmitían los melodramas de lujo a finales de los años 60, principios de los 70? Eran los Domingos Herdez.

¡Y qué cree! Se transmitían los domingos exactamente a la misma hora en que hoy, muchas décadas después, se estrenan los capítulos de Luis Miguel.

Por si esto no fuera suficiente, a principios de los años 80 tuvimos un montón de telenovelas semanales.

Desde las que se transmitían en horario vespertino como No temas al amor hasta las de gala que sólo pasaban los domingos muy tarde como Toda una vida.

Esto no es nuevo. Es volver al origen.

¡Pero no es lo mismo porque se tocan puros temas escabrosos y son puros chismes!

Con la pena pero las telenovelas, por definición, tocan temas escabrosos y se prestan para que las audiencias chismeen, para que comenten, para que tengan algo de qué platicar.

¡Entonces estás mal porque nadie se escandaliza con Por amar sin ley, porque nadie se pone a chismear con “Tres milagros” y porque a nadie le dan ganas de ponerse a platicar de Educando a Nina o de Tenías que ser tú!

Pues claro que no, todas las telenovelas que tenemos al aire ya no son telenovelas y, peor tantito, tampoco son series.

Son unos híbridos pavorosos diseñados más para ahorrar dinero y cumplir con requisitos legales que para genuinamente entretener a las multitudes.

Hay más morbo en los programas tipo Enamorándonos, en los reality shows y hasta en los noticiarios que en las mal llamadas series que producimos en México.

Tenemos casi puras historias que no le interesan a nadie, que no marcan agenda, que no provocan nada. Estamos muy mal y Luis Miguel, la serie lo único que está haciendo es subrayarlo.

Una telenovela, por definición, debe de cumplir con muchísimos requisitos. Uno de los más importantes de ellos, insisto, es el escándalo.

El derecho de nacer, que nació en la radio de la primera mitad del siglo XX, por ejemplo, era la cosa más sensacionalista de su época. Hablaba del aborto.

El maleficio, con el gran Ernesto Alonso, era el tema de conversación favorito del pueblo de México en 1983. Hablaba de satanismo.

Hoy nadie se mete ni con la mitad de los conflictos con lo que las telenovelas se metían antes. Salvo en los muy sospechosos casos de promoción del narco, tenemos una industria maniatada, censurada, reprimida.

¿Entonces por qué si esto tiene que ser tan escabroso, en los años 90 la gente se burlaba de emisiones como María la del barrio y La usurpadora?

¡Porque eso también es escándalo! ¿O qué, usted no se ha topado con miles de tuits y comentarios de gente “culta” que lamenta que el pueblo de México esté perdiendo el tiempo con semejante tontería?

¿Usted no se ha visto los memes, los reportajes y los desmentidos? ¡Es lo mismo! ¡Hasta con lo de la venta de los discos es lo mismo!

¡No! ¡Claro que no es lo mismo! ¡Es Netflix! ¡Y Netflix no es Televisa!

Por supuesto que Netflix no es Televisa pero la devoción con la que miles de personas se entregan a ese sistema de distribución de contenidos en línea es idéntica a la de las multitudes que antes se entregaban a Televisa.

¿De dónde cree usted que salieron los maratones de fin de semana?

Del Cinito del tío, de los sábados de Capulina, de las permanencias voluntarias y de mil y un estrategias de programación de la más vieja Televisa.

Es más, esto viene desde los tiempos de Telesistema Mexicano. Lo único que han hecho muchas personas ha sido desplazar sus hábitos y costumbres de una ventana a otra. ¡Pero es lo mismo!

¿A dónde quiero llegar? Primero, a felicitar a todos, a absolutamente todos los involucrados en Luis Miguel, la serie. ¡Qué cosa tan más maravillosa!

Y segundo, a suplicarle a los empresarios y a los más altos ejecutivos de la industria de la televisión mexicana que tengan la humildad para corregir, que liberen nuestras telenovelas.

No le tengan miedo a “manchar” a ciertos personajes como los papás y las mamás. No le tengan miedo a meterse con el poder, con los famosos. No le tengan miedo a abordar temas difíciles.

Es ilógico que pretendan emocionar a las multitudes con argumentos que están por debajo, incluso, de lo que vemos en los comerciales.

¡Vuelvan a hacer lo que hacían antes! No se trata de hacer series. Se trata de hacer telenovelas. Se trata de hacer Luis Miguel. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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