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Martes , 19.03.2019 / 09:43 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El escandaloso caso de 'Enamorándonos'

Álvaro Cueva

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Morboso, divertido, polémico. Enamorándonos de Azteca 13 es el fenómeno vespertino del año.

¿Por qué si a todas luces es imposible tragarse lo que sucede ahí? ¿Por qué si esto es lo que la gente dice que nunca vería en televisión abierta?

En el muy remoto caso de que usted no sepa de lo que le estoy escribiendo, ¿qué es Enamorándonos? ¿De qué trata? ¿De dónde viene?

Enamorándonos es algo así como la versión corregida y aumentada del formato The Dating Game que la televisora ABC de Estados Unidos lanzó al mercado en 1965.

Era el traslado a televisión de un programa de radio todavía más viejo que en algunas partes se llamó (y se llama) Media naranja, Mi media naranja o Buscando a mi media naranja.

La gran aportación de la ABC fue que lo convirtió en una especie de programa de concursos transformando aquello en el espectáculo perfecto.

Tv Azteca desarrolló Enamorándonos para Azteca 7 pero tuvo tanto éxito que al igual que Ventaneando en 1996 y que las telenovelas extranjeras en 1997, acabó moviéndolo a Azteca 13.

Actualmente se transmite de 17:30 a 19:30 y todo lo que sucede ahí se convierte automáticamente en escándalo.

Y cómo no si estamos hablando de mujeres que bailan en el tubo, de hombres que se quitan la camisa, de matrimonios de verdad y hasta de novias que terminan siendo plantadas en el altar.

A las buenas conciencias no les gusta Enamorándonos porque se les hace naco y sensacionalista.

Le voy a decir la verdad. Yo soy el defensor número uno de este proyecto y la razón es muy simple:

Prefiero mil veces que las audiencias de nuestro país se entretengan con este carnaval a que se embrutezcan con Laura Bozo y los talk shows.

Enamorándonos no le hace daño a nadie. Laura Bozo metía hasta en problemas políticos a marcas como Tv Azteca y Televisa al involucrarse con gobernadores y al retar a periodistas como Carmen Aristegui.

Con toda la pena del mundo le debo decir que los responsables de Enamorándonos se vieron muy listos, que le supieron dar la vuelta a los conflictos éticos de los talk shows y que nos pusieron a girar alrededor de algo que no era nuevo pero que necesitábamos con desesperación: el amor.

Y esto es un avance. ¿O qué, acaso usted quiere regresar a Laura?

Que si las relaciones que se presentan en Enamorándonos no son de verdad, que son de mentira. ¡Por Dios! ¡Ahora resulta que todo lo que se transmite en televisión tiene que pasar por una certificación de realidad!

Si así fueran las cosas no existirían ni las telenovelas, ni las series ni muchos noticiarios.

Para verdades existen otras plataformas como las de la televisión pública, las de los medios cultuales y las de los canales de paga inteligentes.

Si las audiencias se estuvieran matando por ver verdades, esas frecuencias y no otras, serían las campeonas del rating nacional e internacional y me temo que no es así. ¿O usted qué opina?

Y ya que andamos en esto, por favor no sea hipócrita y no trate de justificar el éxito de este concepto con afirmaciones como es mi placer culpable.

Enamorándonos es el cañonazo que es porque es televisión abierta privada de verdad.

¿Cuántas veces no le he dicho que el futuro de la televisión está en su pasado y que lo que hay que hacer hoy es volver al origen?

Enamorándonos es como era la televisión abierta de nuestros papás, como era la televisión abierta de nuestros abuelos. Es entretenimiento popular de la gente para la gente.

¿Qué hay de malo en esto? ¿Por qué nos da tanta vergüenza reconocer las cosas que nos hacen gozar? Ser felices no nos hace ni más débiles ni más ignorantes.

E igual, ¿por qué la gente de esta industria le da tantas vueltas a algo tan sencillo como seamos humildes y trabajemos para los demás?

Por supuesto que Enamorándonos no es House of Cards, Game of Thrones, The X Factor ni MasterChef. Quien pretenda hacer esta clase de comparaciones tiene severos problemas psicológicos.

Para eso existen las ventanas, los formatos, los géneros y los tonos.

Enamorádonos funciona porque los que salen ahí se divierten y como ellos se divierten, nosotros también nos divertimos.

¿Sabe usted cuándo se va a acabar? Cuando los que salen ahí finjan como fingen los conductores de otros programas. Cuando estén al aire por obligación, por dinero, poder, vanidad o rutina.

Éste es el momento de Enamorándonos y hay que disfrutarlo, y si usted lo quiere analizar, analícelo. Hay mucha tela de dónde cortar porque esto es enorme.

Es melodrama. Es sociología. Tiene una estética. ¡Me encanta! Y está muy bien desarrollado, muy bien producido, muy bien conducido y su reparto es una gloria.

¿Le gustaría tomar una clase de televisión abierta? Viaje al futuro regresando al pasado y goce con Enamorándonos todas las tardes por Azteca 13. Le va a encantar. De veras que sí.

alvaro.cueva@milenio.com

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