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Jueves , 25.04.2019 / 17:10 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El complot mongol

Álvaro Cueva

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Le estoy escribiendo esto con mucha anticipación, porque se nos va a atravesar la Semana Santa y sería una desgracia que usted no considerara esto. ¿Qué? El estreno de la película mexicana El complot mongol el 18 de abril. De este jueves al otro.

No sabe usted qué filme tan más divertido pero, sobre todo, tan más oportuno. ¿Por qué? Se lo voy a explicar de la siguiente manera: Así como nuestro país está dividido en chairos y fifís, nuestras películas están divididas en cine para festivales y cine para las taquillas.

Los que aman el cine mexicano de arte no se pueden ver con los que aman el cine mexicano comercial y esto nos limita, alimenta el odio.

El complot mongol es una experiencia deliciosa que le puede fascinar lo mismo a los adoradores del cine más intelectual que a las personas que solo van a las salas cinematográficas a divertirse. Estamos hablando de la nueva versión cinematográfica de la más grande novela negra que se haya escrito en la historia de la literatura mexicana.

Si Rafael Bernal, el autor del libro, viviera, enloquecería de placer con esta delirante fantasía creada por Sebastián del Amo, el genio creador de filmes tan hermosos como Cantinflas y El fantástico mundo de Juan Orol. Sebastián no solo superó la versión de los años 70, la catapultó a un nivel magistral, ciento por ciento siglo XXI.

Yo la veía y le juro que sentía que estaba viendo algo de Frank Miller, Robert Rodríguez o Quentin Tarantino, pero muy a la mexicana, con nuestro sentido del humor, con nuestra estética.

El complot mongol es placer puro. El placer de ver un cine mexicano transversal, un cine que es capaz de gustarle al rico, al pobre, al culto, al inculto, a todos. Pero, además, El complot mongol es placer puro, porque es el placer de ver en una misma cinta a muchas de las más inmensas luminarias de nuestro firmamento artístico.

Desde Damián Alcázar hasta Xavier López Chabelo pasando por Bárbara Mori, Eugenio Derbez, Roberto Sosa, Salvador Sánchez, Lisa Owen, Moisés Arismendi, Mara Escalante, Faisy y más, muchas otras estrellas más.

¿Se da cuenta de la combinación de talentos? Es lo mejor de la élite con lo mejor del pueblo. ¡Y todos están sublimes! Yo le podría hacer un homenaje a cada uno de ellos, porque no hay manera de verlos y de no adorarlos.

El complot mongol es como un sueño convertido en realidad, el sueño de la concordia, pero, lo más bonito de todo, el sueño de un juguete grande, grande. ¿Por qué le digo esto? Porque ver esta película es como ir a la feria y subirse a un juego mecánico. Está toda la artificialidad, pero también todo el candor, la magia, la ilusión.

Y así como en la feria de repente uno se topa con referencias a cosas entrañables del pasado, en esta cinta salen Fu-Manchú, Gutierritos y Hugo Stiglitz.

Está increíble y el final es absolutamente prodigioso, porque aquí uno suspira, ríe, piensa y llora mientras viaja a una época demasiado parecida a la de hoy.

Luche por ver la próxima semana El complot mongol. Algo me dice que esta película mexicana será capaz de conseguir el milagro que ninguna otra ha conseguido en los últimos años: acabar con la división de audiencias que existe en nuestro país. ¿A poco no?

alvaro.cueva@milenio.com

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