Espectáculos

Crítica al final de "Big Brother"

Pocas cosas pueden ser más fáciles en la vida que despotricar contra Big Brother.

¿Por qué? Porque es un proyecto que se alimenta de eso, que exige indignación, escándalo, rabia.

En resumen, si usted y yo nos ofendemos con esta producción de Televisa, en lugar de criticarla para que corrija, le vamos a estar dando por su lado, se va a quedar igual.

Por tanto, le propongo que hagamos algo diferente, que seamos muy maduros para ver si así los responsables de este proyecto se dan cuenta de lo que produjeron, recapacitan y perfeccionan.

El jueves de la semana pasada se transmitió el final de Big Brother en Canal 5. Como usted sabe, ganó El Chile.

¿Qué podemos decir al respecto? Que fue un programa muy malo.

¿Pero no se supone que le fue muy bien en cuanto a rating y redes sociales?

¿Y? Las drogas venden y no por eso son buenas, ¿o sí?

No nos confundamos. Los números y la crítica son cosas diferentes y jugar a apoyar algo por sus cifras es tan delicado como felicitar a los asaltantes y secuestradores por el excelente resultado de sus obras.

Big Brother fue un muy mal programa, porque Televisa, con todos los recursos que tiene, en lugar de comprar alguno de los mejores y más nuevos formatos de reality show de mundo, fue y nos trajo algo viejo.

Haber visto Big Brother en 2015 fue tan decadente como haber visto Lo imperdonable, Pasión y poder y Simplemente María. Fue ver un refrito.

¡Y qué cree! Al igual que como pasó con los remakes de éstas y de otra telenovelas aquí, la adaptación no igualó al original, mucho menos lo superó.

Es una vergüenza que la televisión de este país ya no sirva ni para hacer refritos. ¡Ni para hacer refritos de un reality show!

¿Por qué si Pedro Torres, el productor de las primera ediciones de Big Brother, está vivo, sano y en estupendas relaciones con Televisa, no fue el responsable de esta versión?

¿Por qué se la tuvieron que dar a un elemento que a lo mejor será muy bueno para otras cosas, pero que no tenía ni la más mínima experiencia manejando esta clase de cuestiones?

¿Fue por favoritismo? ¿Por ahorrar dinero? ¿Por qué fue?

Haya sido como haya sido, la cosa se puso peor, porque a la hora de elegir a los participantes ocurrieron ene cuestiones que pusieron en tela de duda la credibilidad de este concepto y, luego, por el asunto de los millennials.

Quién sabe a quién se le ocurrió que Big Brother era un programa ideal para este importante segmento de mercado y que había que dedicárselo de manera particular.

¿Cómo? Llenándolo de personajes dizque millennials en lugar de las personas que exigía este formato.

Resultado: una catástrofe a la que le tenemos que sumar una pésima estrategia de programación en un canal que no era para esa clase de títulos, un espantoso diseño de imagen para su conductora estelar, la señora Adela Micha, y otras cuestiones terribles.

¿Como cuáles? Como la irresponsabilidad de confundir los lenguajes de la televisión abierta con la de paga, como una muy mediocre producción en estudio, una larga lista de errores técnicos y, lo peor de todo, el recurso de las groserías.

¿En base a qué me atrevo a decirle que esto es lo peor? En base al momento histórico por el que está pasando la televisión de este país y al papel de la Secretaría de Gobernación.

Ella, en teoría, vigila que esta clase de situaciones no salgan al aire, pero al parecer aquí se hizo de la vista gorda, porque hasta el capítulo final se dijeron expresiones como pinche y poca madre que en cualquier otro lado hubieran acarrado multas y castigos.

¿Qué le puedo decir de la gran final de Big Brother?

Que fue la cosa más desangelada del planeta. Televisa, a pesar de que convocó a sus talentos para que apoyaran a sus favoritos, no invirtió ni un centavo más en hacerle algo parecido a una fiesta de programación, en ofrecerle al público un espectáculo diferente.

Hubo demasiados tiempos muertos y la misma pavorosa insistencia en etiquetar como auténticos y honestos a los habitantes de la casa más famosa de México.

Si la autenticidad, la honestidad y todos los valores que se mencionaron en ese desenlace fueron el eje sobre el cual giró este reality show, tenemos un problema:

Estamos engañando al público. Estamos creando multitudes que pueden llegar a confundir lo negativo con lo positivo. Estamos ante un ejercicio de perversión disfrazado de espectáculo.

¿A usted qué le pareció el final de Big Brother ¿Pasará algo bueno con El Chile? ¿Se convertirá en una exitosa figura pública, en un ejemplo para las multitudes?

¿Y los millennials? ¿A poco ahora sí dejaron de estar en la internet y se pusieron a ver la televisión abierta? ¿Ya son fanáticos de Canal 5?

¿Ahora entiende cuando le digo que esto estuvo mal? Creo que alguien confundió la gimnasia con la magnesia.

¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

Google news logo
Síguenos en
Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.