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Sábado , 23.03.2019 / 11:08 Hoy

Fusilerías

Libros sacrificables

Alfredo C. Villeda

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Una librería de Donceles se cruzó en el camino, atrajo mi atención acaso con el delicioso olor que despiden las hojas del libro usado y me lanzó de inmediato por sus galerones ahítos de títulos. La caza de los leídos en la prehistoria y de números faltantes de colecciones ochenteras se lleva un tiempo y, cuando al fin un cargamento de 20 volúmenes llegó a la caja, resultó que el vendedor no acepta tarjeta de crédito. Como sus productos, pertenece al siglo XX.

El inconveniente obligó a tomar decisiones radicales, como usted adivinará. Con una cuenta a pagar por 4 mil 200 pesos en total, pero solo 3 mil en efectivo disponibles, había que definir entre la recuperación de los dos tomos de Breve historia de la Revolución mexicana de Jesús Silva Herzog, ocho números faltantes de la colección Los Grandes Pensadores de RBA y una decena de Biblioteca de Historia de Orbis.

La hoy feliz quinceañera Lizzie Campos debió aportar 300 pesotes para resolver los apuros de su padre, que una vez saldados con una discutible selección, impusieron como tema de conversación aquella trama que Los combustibles (1994), obra de teatro de la escritora belga Amélie Nothomb, en la que un profesor universitario, un ayudante y una alumna están refugiados en la casa del primero pero, víctimas a un tiempo de la guerra y del invierno, deben comenzar en un momento dado a quemar pertenencias para sobrevivir al frío.

Cuando no queda más por arder que la biblioteca del maestro, surge el dilema central de la obra repartido en varias preguntas: ¿Qué libros deben ser sacrificados primero? ¿Qué autores son más prescindibles que otros? ¿Qué consideraciones deben privar para elegir a uno u otro? ¿Debe privilegiarse un clásico solo por esa condición, aunque no se haya leído y se conozca apenas de referencia? En medio de la guerra, ¿importa la nacionalidad del escritor? ¿Primero hombres y luego mujeres?

Esta anécdota nos llevó a otras preguntas típicas en la era de las redes sociales: si te fueras a una isla desierta, ¿qué libros te llevarías? O como Guillermo de Baskerville en la novela El nombre de la rosa, de Umberto Eco, fraile franciscano que debe elegir las obras a rescatar entre los valiosos volúmenes escritos a mano, reunidos en la biblioteca en llamas de una abadía benedictina.

Hay escritores que difunden listas con sus 10, 20 o 50 libros favoritos y otros la selección de lo que creen que un lector no puede dejar de atender. El cubano José Lezama Lima recomendaba a su joven pupilo Reinaldo Arenas dedicarse solo a los clásicos mientras que Lord Byron abjuraba de formatos que consideraba rebasados. Por supuesto, hay libros sobre el tema, algunos con títulos tan delirantes que sugieren lo que se tiene que leer “antes de morir”, como si hubiera otros para después del deceso.

Al final de cuentas, de vuelta a Donceles, hubo que dejar cinco libros de la Biblioteca de Historia para mejor ocasión a partir solo de una decisión subjetiva y arbitraria.


@acvilleda

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