Cuando la euforia por el paso triunfante de México en la Copa Mundial de futbol continúa y el mundo se rinde a este deporte a niveles insospechados, el más popular en cada rincón del globo y con un crecimiento sostenido, convertido en el gran negocio con prósperos propietarios de equipos y jugadores superestrellas, es buena época para evocar una actividad que tuvo iguales dimensiones en la antigüedad.
Una tan lejana como el Imperio romano, cuyo Coliseo, origen de ilusiones, historias e imaginería sobre duelos de gladiadores y sacrificios de gente echada a las fieras, de gestas insólitas de tiempos idos, era antes que todo eso el escenario de una peculiar competencia que se convirtió en la principal, con estrellas como figuras centrales y ganadores de recursos y favores políticos que llevaron ese ejercicio a trascender por centurias.
En su breve historia El circo romano, fragmento de La sociedad romana que el FCE publicó separado en su colección Fondo 2000: Cultura para Todos, Ludwig Friedlaender nos cuenta que fue Nerón quien emprendió la primera reconstrucción amplia del circo, pues el gran incendio del año 64 lo había destruido en buena parte, y calcula que después de las obras podía dar cabida a 180 o 190 mil espectadores, es decir, el doble del estadio Azteca.
Si no era el duelo de gladiadores o la sangre cobrada por leones y tigres, ¿qué llamaba la atención a semejantes multitudes? Las carreras de carros, que suscitaban un interés como ningún otro espectáculo, afición y pasiones de las masas, pero no obedecía la expectación, como en la actualidad, a los caballos o a los jinetes, sino a lo que llamaban “banderías”, los equipos de adscripción.
“Estos héroes de la pista romana ofrecen una semejanza bastante grande con los jockeys de nuestros días”, sostiene el historiador alemán, convirtiéndose las carreras con el tiempo en un gran negocio y una herramienta política y de poder, al grado que Calígula llegó a pensar en nombrar cónsul a un equino llamado Incitato. Dominase el mundo Nerón o Marco Aurelio, en tiempos de paz o de guerra, fueran libres o esclavos, lo que en Roma interesaba era si ganarían los verdes o los azules.
Aficiones y pasiones de otras épocas.